Diario de León

EL RETROVISOR

La muerte de mentirijillas

Cementerio.

Cementerio.David Campos

Publicado por
Alberto Flecha

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Estos días, uno sale a la calle y ve niños disfrazados de muertos. En los chinos venden cuchillos de plástico, heridas abiertas y sangre de broma. Hay fiestas donde los invitados parecen caerse a cachos mientras sujetan un vaso de ginebra y saludan alegremente a alguna bruja que, según dicen, entró por la ventana. Con esto de Halloween, uno puede comprar huesos, esqueletos enteros y hasta algún ataúd. En los escaparates, todo está disponible en distintos tamaños y precios. La muerte se vende por piezas.

Hay quienes consideran esta fiesta una frivolidad. Pero jugar a estirar la pata no es nada nuevo. El ser humano descubrió hace mucho tiempo que, si había algo realmente grave en esta vida, era precisamente la cuestión de salirse de ella. Y quizá por eso lleva siglos intentando tomárselo a broma. También hay plástico alrededor de los cementerios. Por estas fechas abren locales que permanecen cerrados el resto del año y se llenan de capazos de crisantemos destinados a las floristerías. Se venden velas, coronas y ramos envueltos en celofán. A las puertas del cementerio, las flores salen de los maleteros y bajan de los autobuses en brazos de los visitantes. Algunas mujeres se afanan en barrer las tumbas con un cepillo y en limpiar las letras de un nombre que hace tiempo que casi nadie pronuncia. Este año, a los muertos de siempre se han sumado los del accidente ferroviario de Urda. El luto oficial por las víctimas terminó precisamente en vísperas de Todos los Santos, cuando unos preparaban los disfraces y otros llevaban flores al cementerio. Esta vez la muerte había llegado sin careta, sin sangre de plástico y sin posibilidad de quitarse el disfraz al volver a casa. En algunos colegios se suspendieron las celebraciones; en otros se discutió si había motivos para hacerlo. La muerte de verdad había venido a estropear la fiesta. Pero el negocio no entiende de pésames. Los esqueletos seguían en los escaparates, los crisantemos esperaban comprador y los cuchillos de plástico brillaban bajo los fluorescentes. Tampoco la política suele perder una ocasión para sacar partido de una desgracia. Ya habrá tiempo de cruzar acusaciones, repartir culpas y exhibir el dolor ajeno ante las cámaras. En los bazares se venden caretas de monstruos para la muerte de mentirijillas. Para poner cara de entierro no hace falta comprar ninguna

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