Diario de León

| Análisis | Investigación en León |

Amor en la poesía de Gloria Fuertes Capacidad de comunicación

Publicado por
Oliva García Díez - león
León

Creado:

Actualizado:

«El lenguaje poético de Gloria Fuertes» es el título de la tesis doctoral sobre la obra poética de ésta autora, y que ha sido dirigida por el catedrático de la Universidad de León José María Balcells y realizado por la autora de este artículo. Gloria Fuertes es una poeta singular que goza de una personalidad inconfundible y que merece mayor reconocimiento del que ha sido objeto en nuestro país. Su obra para adultos, que es sobre la que versa este estudio, difiere lógicamente de sus famosos cuentos y poemas para niños. Puede calificarse de rebelde y desmitificadora respecto a nuestra sociedad y se entiende como una respuesta cultural ante la injusticia social, que ella lleva a cabo a través del humor. A ello se une su ideal de solidaridad, donde se nos manifiesta como acérrima defensora de los derechos humanos en general y de la mujer en particular. Su andadura se inició en la posguerra, momento en el que las difíciles circunstancias socio-culturales indujeron a la poeta a subvertir el lenguaje para enmascarar su sabio mensaje crítico y burlesco. Condicionantes personales tan negativos como el ser hija de familia muy numerosa de reducidos recursos económicos, la cruenta experiencia de la guerra, la desaparición en la contienda de un amor siempre recordado, así como la temprana muerte de sus seres queridos, forjaron en ella un carácter fuerte pero sensible a la vez ante las desgracias humanas, que propiciaron su hondo pacifismo y su gran conciencia solidaria, de amplia resonancia en sus versos. Comienzos poéticos En sus comienzos poéticos, Gloria Fuertes simpatizó con el movimiento postista, grupo poético de vanguardia con ciertos matices surrealistas, que preconizaba el juego con el lenguaje como fuente creativa del humor, y el descubrimiento del elemento sorpresa que transgreda las normas, e impulse la imaginación y espontaneidad, lo que supuso una gran novedad en los años 40, cuando la poeta fundó su revista Arquero de poesía. Sin embargo, coincide más en cuanto sensibilidad y concepción creativa con la llamada generación del 50, y en particular con poetas como Ángel González, Jaime Gil de Biedma y Ángel Crespo. Gloria Fuertes mantiene un compromiso constante con el pueblo, fuente de inspiración y destinatario a la vez de su poesía, y es esta humanidad desbordante en favor de todos, sobre todo de los más desfavorecidos, lo que la convierte en poeta social, siempre partiendo de un existencialismo que le lleva a decir: «yo no puedo pararme en la flor / me paro en los hombres que lloran al sol». Son sus composiciones escasamente paisajísticas, su mundo es urbano: Prefiere, el hombre al monte, y el niño al árbol. Pinta al campesino sobre la tierra, al minero bajo ella, en el mar al pescador y en la ciudad se dirige a todo ser que sufre o goza sobre el asfalto. Más que cantar cuenta cosas, otras veces alecciona, las más avisa o previene, pero casi siempre consigue emocionar. La propia autora resume su quehacer poético en las siguientes palabras: «Yo no sé si mi poesía es social, mística, rebelde, triste graciosa o qué. Trato, quiero -y me sale sin querer- escribir una poesía con destino a la Humanidad. Que le diga algo, que le emocione, que le consuele o que le alegre». En sus versos se mezclan la profundidad de sus sentimientos con la ligereza de sus bromas que en ocasiones rozan el chiste, siempre intentando ocultar el dolor que la existencia produce. De este modo, por dramático que sea el tema tratado, surge siempre la chispa genial de su humor que nos hace esbozar una sonrisa. Su humor se materializa en una fina ironía que unas veces se convierte en sátira o sarcasmo y otras llega a la caricatura y las más es parodia desmitificadora de la que no se salva nadie, ni siquiera los temas más significativos de nuestra sociedad. Gloria Fuertes, aunque «nunca vio claro lo del clero», se lleva muy bien con Dios, al que trata sin la menor solemnidad, con confianza, como a un amigo y a veces le invita a charlar con ella un ratito, como cuando dice: «Padre nuestro que estás en los cielos / ¿Por qué no bajas y te das un garbeo?» Otras veces encuentra a Dios a cada paso, en el mercado, en la playa o en el jardín y nos insta a que lo descubramos con ella. La poesía de Gloria Fuertes no es improvisada y falta de elaboración, como pudiera parecer a simple vista. En sus textos se pueden hallar abundantes recursos estilísticos y discursos y códigos variados. Sin embargo, huye de toda retórica y ademán solemne o pretencioso; escribe con claridad para que todo el mundo la entienda, porque «a algunos poetas les pasa como a los niños de un año, que son muy buenos, pero no se les entiende nada», añade la poeta. Su obra es muy autobiográfica, pero no le preocupa que se trasluzca su propia vida a través de ella, y es esta sinceridad lo que le proporciona verosimilitud, cualidad esencial para que nos llegue profundamente. Gracias a su carisma y gran capacidad de comunicación, unido a su voz rota llena de ternura, logró que sus recitales por toda la geografía nacional fueran un éxito. Los dos últimos libros de la autora, Historia de Gloria: amor, humor y desamor y Mujer de verso en pecho , publicado en 1996, poco antes de su desaparición, nos relatan sus experiencias más íntimas, en las que se burla tiernamente de sí misma y de sus muchos achaques de salud.

tracking