Diario de León

Los resultados de gran parte de las acciones de las personas escapan a su control

La suerte y el azar determinan la vida de los individuos y de los grupos

Nuestras intenciones, objetivos y los proyectos más elaborados están a merced del puro azar

No tiene sentido preguntarse ¿por qué a mí?

No tiene sentido preguntarse ¿por qué a mí?

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Mag Castañón - león
León

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En un mundo en el que somos nosotros los que proponemos, pero el destino dispone, en el que los resultados de gran parte de nuestros actos no están bajo nuestro control, la suerte está destinada a desempeñar un papel decisivo en el drama humano. En cada paso que damos el azar puede intervenir para bien o para mal. Nos libramos de la muerte al menos una docena de veces al día al no inhalar un microbio mortal, o al no pisar una piedra que nos haría resbalar o al no chocar contra un autobús. La suerte es un factor omnipresente y formidable en la vida humana tal y como la conocemos, un compañero que, queramos o no, nos acompaña desde la cuna hasta la tumba. La suerte gira en torno a lo impredecible. En un mundo en el que todo estuviera previsto de acuerdo con un plan dado, no cabría la suerte. Pero nosotros vivimos en un mundo totalmente distinto. Las cosas nos pueden ir bien o mal y ello depende de condiciones y circunstancias que escapan totalmente a nuestro control. La diosa fortuna La suerte, buena o mala, afecta tanto a los individuos particulares como a los grupos. No hay forma de librarse de ella en este mundo. El traer niños a este mundo no es hacerlos rehenes de la fortuna, pero sí entraña una apuesta. Donde quiera que invirtamos nuestras esperanzas y objetivos e intenciones, y cualquiera que sean nuestras expectativas, planes y aspiraciones, la fortuna entra en juego para hacer que nuestros sueños se hagan realidad o para frustrar nuestros deseos. Vivimos la vida entre esperanzas y temores. Las cosas salen de tal forma que pueden redundar en nuestro bienestar o en nuestro infortunio sin que nosotros podamos preverlo o controlarlo. Y es justamente ahí donde el factor suerte recorre un camino inexorable en el dominio de los asuntos humanos. A menudo la vida de una persona es una cadena formada de eslabones de suerte. Las influencias personales de la juventud que ayudan a tomar decisiones respecto a qué carrera seguir, las contingencias que determinan el propio puesto de trabajo, los encuentros casuales que nos conducen al matrimonio, etcétera, constituyen ejemplos de lo que es la suerte.

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