Cosas de aquí y de allá | El calor se vuelve peligroso
De guardia en la nevera
Es cierto que los ingleses son unos quejicas en lo que se refiere a aguantar el calor, que son capaces de tirarse de los pelos cuando en su país se alcanzan un par de veces al año los 30 o 32 grados centígrados, y sin embargo se lo pasan bomba despellejándose hasta el cerebro en el sur de España en estas fechas veraniegas con temperaturas de 40 grados. Pero los extremos de temperatura en Europa son una broma comparados con los que se registran en otras latitudes del mundo. Sin ir más lejos en Irak, donde los termómetros pueden alcanzar por estas fechas del año los 65 grados centígrados. Si a esto unimos lo mal que llevan los british lo del calor, y la necesidad de ir vestidos con chaleco antibalas, botas pesadas, armas, casco y en general toda la indumentaria castrense, la combinación puede ser más peligrosa que las armas de destrucción masiva que supuestamente guardaba Sadam Huseín en el cuarto de los trastos. Enloquecer En estas condiciones no sorprende que incluso se pueda llegar a enloquecer y desvariar. Y esto es precisamente lo que le sucedió a un cabo británico, estudiante de medicina, destinado en la ciudad iraquí de Basora. Cuando la pasada semana la temperatura alcanzó en esta parte del país los 58 grados, el soldado pecoso y con piel de horchata decidió que el calor era insoportable, tanto que decidió echar la siesta en una nevera. Unas horas más tarde, cuando un compañero se acercó al lugar en busca de una cerveza, se encontró en una lamentable situación al singular estudiante de medicina. Más que profundamente dormido estaba congelado, por lo que tuvo que ser trasladado con urgencia al Hospital de Campaña 202, en Basora. Una vez recuperado, dijo que tropezó, cayó en el interior de la nevera y no pudo salir, historia que no se la cree ni el perro labrador que tiene en Inglaterra. «Todos entendemos la locura que le llevó a dormir en la nevera, este calor es simplemente insoportable para un ser humano», indicó otro soldado de su regimiento. Durante estos meses es normal que se alcancen en Irak temperaturas de hasta 65 grados centígrados durante el mediodía, motivo por el que los hospitales militares de campaña están constantemente tratando insolaciones y casos médicos relacionados con las altas temperaturas. La media de ingresos en las clínicas por este motivo es de diez casos a la semana. En la que acaba de terminar doce soldados tuvieron que ser evacuados al Reino Unido por la gravedad de su situación. Los doce mil soldados británicos destinados en Irak se quejan de que hasta la semana pasada no llegaron 35.000 pares de pantalones cortos de camuflaje, tres meses más tarde de la fecha en la que se había previsto. Además, esta ropa, para no soliviantar a los musulmanes, sólo podrá ser usada en las bases militares. Situación insufrible La vida en las bases británicas en Irak rebasa lo que en Occidente calificaríamos de incómodo, más bien es insufrible, según lo que cuentan los soldados británicos que ya llevan meses en el lugar. Los militares del Reino Unido se quejan de la falta de agua potable en las instalaciones -que no les permite mantener una higiene ni remotamente parecida a la de su vida occidental- y que los váteres están infectados de insectos. Lo que más repiten es que, en realidad, cada día tienen que hacer frente a las mismas limitaciones que había cuando llegaron a Irak. Todo esto no hace si no socavar el apoyo de los ciudadanos británicos a la guerra y ocupación iraquíes. De poco ha servido que un portavoz del ministerio de Defensa dijese que se hace «todo lo posible por mejorar la vida de la tropa». Será cierto, pero es evidente que lo que se hace no es suficiente.