Diario de León

El firmamento está invadido por cerca de 4.500 toneladas de basura espacial

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a.p. | madrid
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? Unas 4.500 toneladas de chatarra sobrevuelan nuestras cabezas. Se trata de residuos espaciales procedentes de satélites desvencijados y fuera de servicio, fragmentos metálicos provenientes de explosiones, trozos de naves que vagan por el cosmos. La aventura espacial es una empresa cargada de detritus. La abundancia de desechos constituye un riesgo para las misiones aeroespaciales venideras. No en vano, existe un riesgo probado de que algunos de los miles de objetos abandonados choquen entre sí y den al traste con algún satélite operativo. El Instituto Astrofísico de Canarias lleva a cabo un proyecto de observación de basura espacial que ha logrado registrar objetos de los que no se tenía noticia. Desde que en 1957 se lanzara el Sputnik, el primer satélite artificial, la puesta en órbita de naves ha sido incesante, hasta el punto de que el espacio se ha convertido en un descomunal cementerio. Hasta ahora se han catalogado 25.000 objetos, producto de cerca de 5.000 lanzamientos espaciales. De esos 25.000 desperdicios que pululan por el firmamento, un tercio aún se encuentra en órbita alrededor de la Tierra. En un principio no se concedió importancia a la cochambre tecnológica, hasta que en 1973 explotó la segunda fase del cohete Delta. Fue la señal de alarma que advertía de que la basura espacial podía malbaratar las órbitas terrestres creadas por el hombre. Cada año el contenedor del espacio crece a razón de 175 objetos como consecuencia de 120 lanzamientos anuales. Los expertos del IAC aducen que la mayor parte de los despojos del universo se sitúa en las bandas de altitud más altas. La zona más peligrosa es Leo («Low Earth Orbit», es decir, órbita baja terrestre), que abarca desde la corteza terrestre hasta una altura de 2.000 kilómetros de altura. Los lugares más concurridos por el tránsito de basura se hallan a 850, 1.500 y 2.000 kilómetros de la Tierra. No menos contaminada es la órbita geoestacionaria, a 36.000 kilómetros de altura, donde se ubican los satélites de comunicaciones. El problema de la basura espacial estriba en que cualquier objeto colocado en el cosmos podrá vagabundear durante millones de años.

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