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Gelete sigue vivo en la Pícara

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Isabel Rodríguez - león
León

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La Pícara volvió a llenarse un año más de jóvenes dispuestos a vender sus antiguos libros de texto usados por un precio mucho más reducido. Desde las nueve de la mañana, un poco de voluntad y un par de periódicos sirvieron para formar cada pequeño puesto que se instaló en esta plaza de la capital leonesa, formando el tradicional mercadillo Gelete, que se viene realizando desde mediados de los ochenta y recibe el nombre de su promotor, el popular locutor de radio. Aunque la organización corrió a cargo del grupo Radio León, la iniciativa surgió una vez más de la gente, que llamó a la emisora para animar a que se realizase de nuevo el característico mercado, donde todo el que quiera puede llevar sus libros de texto y ponerlos a la venta. Una vez allí vale todo. Los interesados en deshacerse de sus libros intentan convencer a los paseantes de que el artículo en venta se encuentra en las mejores condiciones y que por ese precio no van a encontrar nada igual. El regateo es, sin duda, lo que más funciona, aunque no siempre da los mejores resultados. Los más exigentes vuelven incluso con reclamaciones por el estado de los libros. Sin embargo, los precios de cada unidad rondan los seis euros, cantidad que dista mucho de la marcada en los ejemplares recién llegados a las librerías y que supone por tanto una oportunidad para comenzar el curso sin rasgarse las carteras. Libros desfasados Sin embargo el enemigo de este mercadillo popular se llama desfase. Y es que pequeños cambios en los libros hacen que, de año en año, éstos queden anticuados y sea necesario comprar otros, de manera que las editoriales se enriquecen cada vez más. Los padres acompañaban ayer por la mañana a sus hijos en busca de algún ejemplar de los que llevaban apuntados en la lista que probablemente les habrían facilitado en el colegio. Algunos de los que acudieron a vender ya eran veteranos y sabía cómo tratar a la gente; para otros era la primera vez pero ninguno dudaba en competir para conseguir el mayor número de clientes. A lo largo de la mañana, la mercancía fue desapareciendo de los puestos e incluso se realizaban ofertas de última hora con descuentos muy atractivos en los libros que menos éxito habían tenido. Esta actividad constituye una buena forma para los jóvenes de sacarse un dinero y convertir en útil un material que, de otro modo, permanecería amontonado y almacenado en grandes cajas hasta que una máquina recicladora terminase con él.

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