CRÉMER CONTRA CRÉMER
La gripe que viene
ES COMO EL TIFÓN de las Azores, como la gota fría, como las encuestas sobre la tendencia del voto, como Hacienda. Contra cualquier forma de prevención, la gripe se acerca a nuestras costas, penetra hasta los entresijos de la calcinada tierra castellano-leonesa y ajena a los pleitos que se suscitan sobre si nos afiliamos o no a la Fundación «Villalar», abre el cuaderno rojo de las enfermedades crónicas, de las epidemias tradicionales o del mentir de las estrellas: La Gripe. Dicen los señores doctores que es un virus, mutante. O sea un mal siniestro que se nos mete en casa por debajo de las puertas y nos invade y nos reduce a la condición de seres absolutamente inservibles.Un hombre o una mujer y no digamos un anciano, con gripe es un mísero ser infeliz condenado a no ser nada. Y sobre todo a no saber cómo combatir el asalto, dado que no se suelen conocer las características peculiares del enemigo hasta que no le tenemos encima. Llegado el mes de octubre -o antes si cabe el temor de muerte- todos los habitantes de este planeta azul que es la tierra, o se vacunan o no se sabe cómo pueden terminar. Porque, la Ciencia, la técnica, la astronomía, serán capaces de conseguir que el hombre alcance las estribaciones de la luna y conseguirá que mediante la clonación nos sea posible la reproducción animal y personal. Pero ¡ay de mí! No seremos capaces ni de frenar los ímpetus funestos de la gripe, ni todavía sabemos cómo amortiguar los efectos del reuma. O sea, el ser humano es todavía un animal desvalido en manos de las variaciones de la naturaleza. Y como bien se sabe, cuando a la Naturaleza se le hinchan las narices, no valen vacunas. Pese al conocimiento o desconocimiento que de la gripe tenemos, la señora ministra nos aconseja que así que sintamos sobre nosotros los efectos de la gripe acudamos al médico de cabecera o de la S.S. en demanda de jarabes y de estímulos. Porque la gripe, como las ermitas no tienen cura, no hay quien la detenga. Las ancianas de la villa, así que sospechaban que aquello que les tenía arreciados y como baldados era la gripe, aconsejaban: «Al catarro, con el jarro, galán» y recetaban por libre siete días con sus noches en la cama, recitando jaculatorias a Santa Quiteria, a la cual se le atribuían poderes muy poderosos contra la gripe. No faltan entre los componentes de la comunidad quienes, con singular traducción de las funciones proyectoras que cabe reclamar de los Organismos, pretenda que sea el Ayuntamiento o la Diputación, los que carguen con la responsabilidad pero tampoco es eso: La Diputación y el Ayuntamiento, es posible, tal vez, acaso, quien sabe, tendrán mucha culpa, pero no creo que la gripe sea una consecuencia de su comportamiento al frente de los mandos. Ahora bien, o ahora mal, según se mire: Estos Organismos y otros incluso más obligados, no pueden eludir el serio compromiso que tienen con la comunidad de velar por su salud, mediante el atendimiento de sus dolientes, atendiendo a los centros de asistencia que de ellos demandan auxilio: Ancianos y enfermos mentales andan por el mundo, con su tragedia a cuestas, que debieran atraer la atención de estos estamentos públicos, al menos con la misma preocupación con que contemplan los males de centros deportivos o de mera apariencia.