C2, imaginativo y polivalente

Musculado y molón , sin caer en superfluos vulgarismos, el C2 resulta ser toda una juvenil propuesta del chevron para quienes pretendan un urbano con aspiraciones ruteras capaz de ofrecer una remarcable modularidad interior y unas prestaciones, sobre todo en la versión 1.6 de 75 caballos, dignas de segmentos superiores. Se trata de ofrece un coche ágil y deportivo sin mayores desembolsos (la tarifa comienza en apenas 10.000 euros) y con la capacidad de seducción que ofrece una realización que bebe en las fuentes estilísticas, y funcionales, de su hermano mayor el C3 y C3 Pluriel. Así las cosas, el más básico de los Citroën se presume tan correoso para sus enemigos naturales como en su día lo fuera el ahora jubilado Saxo, de muy estimado recuerdo. Se trata de la tercera declinación de PSA sobre lo que el consorcio automovilístico galo entiende por plataforma pequeña; es decir, una caja utilitaria de 3,66 metros (1,65 de ancho) exclusivamente disponible en tres puertas (dos laterales y portón trasero practicable en dos fases), en cuya realización el fabricante lanza una decidida apuesta por la practicidad y en la que ni siquiera se opta por una hipotética quinta plaza que hubiera supuesto una evidente compresión para los ocupantes de la parte trasera del C2. En contrapartida (bendita sea la tal... contrapartida) nuestro protagonista ofrece dos banquetas zagueras individuales, correderas (posibilidad que propicia la extensión de una decena de centímetros en el maletero) y plegables, capaces ellas de propiciar un excelente asentamiento a sus ocupantes, aunque es verdad que los auténticos reyes del C2 serán quienes ocupen las dos delanteras (conductor y acompañante) y quienes disfrutarán de un espacio inusual en este tipo de realizaciones. Una gran sensación Con un morro en cuña descendente y una zaga cortada, el C2 hace gala de una estética que entronca pasado y presente en las realizaciones del chevron , de forma que el conductor tendrá la sensación de guiar un coche de mayor envergadura, aunque la rumorosidad de sus mecánicas (tampoco hay tanto sitio bajo el capó como para encapsular demasiado) le devuelvan a la realidad de un utilitario que, con todo, hace gala de un comportamiento rutero mucho más cercano al de un deportivo de raza que a un puro urbano. El C2 es el típico pequeño rabioso capaz de demostrar sus habilidades en trazados revirados y de comportarse más que dignamente en los abiertos recorridos autopisteros. Y ello, por dos motivos fundamentales: una dirección eléctrica que no lo parece por su precisión y por la posibilidad de contar, en algunas de sus versiones, con el cambio sensodrive de cinco marchas y levas en el volante. Es verdad que no se trata de un auténtico cambio de carreras, pero también lo es que, tras un ligerísimo periodo de adaptación, el sensodrive -y sus levas- permitirán actuaciones de lo más gozosas. Divertido y eficaz, esa es la máxima que apuesto en práctica Citroën a la hora de realizar su nuevo modelo, que hace gala de una buena postura de conducción, con un puesto de pilotaje fuertemente inspirado en el del C3 (mandos, salidas de aireación, consola central...) y unos asientos envolventes que sujetan el cuerpo sin agobiar y que en su versión VTR adopta inserciones de color en combinación con el material traslúcido de la palanca de cambios. La columna de dirección regulable acaba por posibilitar definitivamente el perfecto acomodo del usuario. En suma, que Citroën, muy en su línea filosófica, no tiene mayor empacho en ofertar un modelo simpático, fácil y ágil de conducir y tan drástico... como su piloto quiera. Por cierto, sería una excelente base para crear una copa de promoción deportiva, ¿no?. Fabricado en la planta francsa que Citroën mantiene en Aulnay-sous-Bois, el C2 utiliza la llamada plataforma 1 para las versiones de batalla (distancia entre ejes) corta: 2,31 metros de longitud (el C3 y C3 Pluriel tienen una batalla de 2,46 metros). Esta política de plataformas comunes permite al fabricante la realización de tres vehículos distintos sobre una base única que se beneficia del sesenta por ciento de piezas comunes, desarrolladas inicialmente para los tres y que integran las últimas novedades en los capítulos de seguridad y confort. El Citroën C2 viene a completar la oferta de vehículos compactos de la marca, junto al C3 y C3 Pluriel, con un modelo de tres puertas; una configuración que supone la mayoría de las ventas en este interesante segmento en el competido mercado europeo. Citroën ha fijado en este caso tres niveles de acabado: X, SX, VTR (el más deportivo) y diferentes paquetes opcionales que comportan elementos tan sofisticados para un supuesto utilitario como el airbag de cortinilla, elemento propio de ejecuciones de altos de gama, el climatizador, el control de la velocidad de crucero, el navegador y hasta los sensores de estacionamiento. En fin, más de lo que cabe imaginar.