Diario de León
Publicado por
JOSÉ-ROMÁN FLECHA ANDRÉS
León

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NO ES BUEN deportista quien no aplaude una buena jugada cuando la realiza otro equipo. Hay políticos que aplastan al que se permite discrepar de lo que ellos piensan. Seguramente la disciplina de partido es un valor. Pero también lo es la verdad. Y nadie la posee entera. Ese problema se hace mucho más serio cuando se da entre personas religiosas. Por supuesto, todas ellas desean servir a Dios y cumplir su voluntad. Pero cuando ven que alguien trata de servirle de una forma diferente, lo condenan. A esa postura, tan típica de las sectas, la califican algunos como fundamentalismo. Tal vez podría llamarse también intolerancia o exclusivismo. O celo desmedido. De todas formas esa actitud pretendidamente religiosa tiene muy poco de religioso. En el fondo responde a un deseo de controlar a Dios. Y eso significa negar la grandeza de Dios. Nadie puede manejar a Dios ni conocerlo totalmente ni encerrarlo en unos límites humanos. En ese defecto cayó Josué al pedirle a Moisés que prohibiera a dos ancianos dejarse guiar por el espíritu de Dios. A Josué le molestaba que alguien viviera del espíritu divino sin ser controlado por la autoridad humana. En el fondo deseaba que Dios se sometiera a Moisés. Algo parecido nos cuenta el evangelio de hoy (Mc 9,38-40). Juan se inquieta al ver a uno que hace milagros en nombre de Jesús, pero no pertenece a su grupo. En el fondo, Juan quiere someter el Espíritu a la disciplina de su grupo. Ha olvidado que el Espíritu sopla donde quiere. El Espíritu no sólo se manifiesta en los que visten como nosotros, hablan como nosotros o inciensan como nosotros. Jesús reprende el celo de Juan, diciendo: "No se lo impidáis. Uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí". El bien que deja a su paso es signo de la asistencia divina sobre una persona. Desconfiar de esa persona es arrogarse el control de lo divino. Poner puertas a la obra de Dios. Nadie puede ostentar el monopolio de lo divino. Jesús es más abierto que sus seguidores. En realidad, Jesús conoce bien a Dios. El relato concluye con una preciosa afirmación de Jesús que se ha convertido en proverbial: "El que no está contra nosotros, está a favor nuestro". Es ésta una frase llena de sugerencias. ¿ Parece que en los planes de Dios no hay espacio para la indiferencia. Quien no se opone directamente a sus planes, los está secundando. Hay muchos que parecen ignorar a Dios y en realidad están colaborando con su proyecto de amor y de paz. ¿ Es cierto que no hay que ser ingenuos. Jesús alude a la posibilidad de que algunos "estén en contra" de Él y de los suyos. Los cristianos de todos los siglos han experimentado esa oposición . Pero saben que si alguien está contra el Señor no podrá hacer milagros en su nombre. ¿ Pero ese "estar a favor nuestro" encierra una cierta ambigüedad. Ni la Iglesia ni los cristianos han de ir mendigando favores materiales en nombre de la fe. No es eso. El Evangelio nos invita a descubrir cómo las decisiones humanas van realizando el proyecto divino. Nada más. ¿ Señor Jesús, movido por el Espíritu de Dios, ayúdanos a abrirnos a su presencia y a descubrirla fuera de las fronteras que nosotros quisiéramos marcarle. Amén.

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