Peter Agre y Roderick Mackinnon descubrieron el transporte del agua y las sales en el cuerpo
Premio Nobel de Química para los pioneros del funcionamiento celular
La aplicación de los descubrimientos contribuye a conocer mejor algunas enfermedades

El estadounidense Mackinnon, de 47 años
La Real Academia Sueca de las Ciencias concedió ayer el Premio Nobel de Química 2003 a los estadounidenses Peter Agre y Roderick Mackinnon, por sus descubrimientos en el ámbito de los canales de la membrana celular. El premio celebra el descubrimiento de los canales del agua en la membrana celular por parte de Peter Agre y los «estudios estructurales y mecánicos de los canales de iones» de MacKinnon. Los trabajos de ambos galardonados han contribuido al estudio de cómo el agua y las sales (iones) se transportan dentro y fuera de las células del cuerpo. El transporte del agua es importante para mantener la presión celular, mientras los canales de iones desempeñan un papel esencial en la transmisión de estímulos nerviosos. Por eso, los descubrimientos de ambos galardonados han permitido, por ejemplo, comprender a nivel molecular cómo los riñones recuperan el agua de la orina primaria o cómo se generan y propagan las señales eléctricas de las neuronas. Además han contribuido a conocer mejor ciertas enfermedades. La eficacia de los canales de agua está relacionada con varios tipos de deshidratación y con la sensibilidad al calor. Agre, de 54 años, es profesor de Química Biológica y Medicina de la Escuela de Medicina de la Universidad John Hopkins de Baltimore (noreste de Estados Unidos). MacKinnon, de 47, pertenece al Instituto Médico Howard Hughes de la Universidad Rockefeller de Nueva York, donde es profesor de Neurobiología Molecular y Biofísica. El cuerpo humano se compone, en un 70%, de agua salada y desde mediados del siglo XIX se sospechaba que las células corporales disponían de canales especiales para el transporte de agua. La tesis no se confirmó hasta finales de la década de 1980, cuando Peter Agre logró, en 1988, aislar una proteína de la membrana celular y, un año después, comprobó que esta proteína a la que bautizó aquaporin era, en efecto, el buscado canal. El descubrimiento abrió la puerta a todo un espectro de estudios bioquímicos, fisiológicos y genéticos de los canales de agua en bacterias, plantas y mamíferos Hoy, los investigadores pueden seguir en detalle la trayectoria de una molécula de agua a través de la membrana celular y comprender por qué sólo el agua, y no otras moléculas o iones, pueden atravesar la membrana.