Diario de León
Publicado por
JOSÉ-ROMÁN FLECHA ANDRÉS
León

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Durante los tres domingos últimos hemos recordado las tres tendencias que sostienen al ser humano: la del placer, la del tener y la del poder. En los tres casos, el evangelio ponía en boca de Jesús unas reflexiones importantes que nos indicaban cómo había que entenderlas y vivirlas «en cristiano». La lección estaba bastante clara. Habría que preguntarse si los alumnos hemos estado atentos. Claro que el cristiano podría preguntarse: «¿Y ahora qué?» Pues bien, en ese contexto se sitúa el encuentro de Jesús con el ciego de Jericó. En Jericó repostaban las caravanas antes de subir a Jerusalén. Desde allí los peregrinos emprendían un camino empinado y difícil. Y allí habían de decidirse los discípulos a seguir a Jesús hasta su último destino. Siete pasos Situado en ese lugar el ciego de Jericó es como una parábola en acción para ilustrar los pasos que van de la increencia a la fe. 1. El ciego es pobre, pero tiene nombre. Bartimeo. Tiene una identidad y una dignidad personal. Está sentado al borde del camino, que es el símbolo de la lejanía respecto a Dios. 2. Oye a los que van con Jesús. La extrañeza le lleva a preguntar. Los acompañantes del Maestro le informan. El texto parece sugerir que «la fe llega por el oído» y por el anuncio de los que ya creen. 3. Aún antes de conocer a Jesús lo invoca con un título mesiánico, implorando su misericordia. La suya es una oración que brota desde el Antiguo Testamento, pero es ya un modelo para el creyente cristiano. 4. A pesar de las dificultades que le ponen los que acompañan a Jesús, éste oye la súplica del ciego. Y pide a sus discípulos que cumplan con su misión de acercarle a los pobres. 5. Ante la llamada de Jesús, el ciego es capaz de abandonar, con el manto, su pequeña y única seguridad. El encuentro con aquel que pasa vale más que las cosas que posee. 6. El diálogo de Jesús con el ciego evidencia la cercanía del Maestro a los pobres y los humildes y la confianza del ciego para manifestar públicamente su carencia y su anhelo. 7. La intervención de Jesús subraya la fe del ciego y lo coloca en el camino al borde del cual se sentaba. De la oscuridad ha pasado a la luz. Y de la inmovilidad al seguimiento de Jesús. Ha nacido un discípulo. Y dos oraciones El ciego de Jericó nos recuerda que la fe se manifiesta en la oración. En tan breve texto se nos recuerdan dos plegarias suyas: ¿ «Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí». Reconocer a Jesús como el Mesías esperado y el salvador enviado por Dios nos lleva a reconocer nuestra miseria y a confiar en su misericordia. ¿ «Maestro, que pueda ver». Invocar a Jesús como Maestro supone aceptar su doctrina, reconocer nuestra dificultad para descubrir la verdad y pedirle humildemente la luz que necesitamos. - Señor Jesús, también nosotros estamos hundidos en nuestra pobreza y oscuridad. Queremos prestar atención a las voces que podrían llevarnos a ti. El día en que seamos tan humildes que te pidamos la luz, descubriremos al fin tu camino y el nuestro. Amén.

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