Tras los pasos de El Cainejo

Numerosos actos conmemorarán a lo largo de este año el centenario de la primera ascensión al Naranjo del Bulnes, que protagonizó el montañero de Caín Gregorio Pérez Demaría

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Luis Urdiales - león
León

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Entre las sendas que llevan al Naranjo del Bulnes destaca, por pionera, la que abrió Gregorio Pérez Demaría, leonés de Caín, forjador de un mito que se va a conmemorar el día 5 de agosto. Cien años desde que aquel al que apodaron El Cainejo se echó al hombro el atillo y llevó vereda arriba al promotor de la expedición, Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa La gesta data del año 1904 y se recoge en forma de relato compuesto por el propio protagonista y reeditado para la ocasión por la Federación Leonesa de Montaña, con el apoyo de los Ayuntamientos de Posada de Valdeón y de San Andrés del Rabanedo. «Echamos a andar», escribió El Cainejo, cuando se empeñó en dejar constancia del recorrido que empeñó -quizás sin saberlo- para pasar a la historia. En La conquista del Naranjo del Bulnes se extraen conclusiones sobre el mérito de este montañero de Caín: «Sin decir más, nos atamos fuertemente la cuerda a la cintura, cada uno por un extremo y empezamos la subida; El Cainejo tomó la delantera, lo más difícil, y yo le seguí de cerca, poniendo los pies y la manos donde él había puesto los suyos, y así fuimos trepando ...» escribe Pidal. Así, hasta hacer cumbre, pared arriba, por las llambrias que vierten al precipicio; o llambrialina, a las que se agarró Gregorio Pérez antes de narrar las escaladas a la Peña Santa de Enol, Torre Santa y al Naranjo de Bulnes. La edición de esta aventura, impropia del comienzo del siglo veinte, apareció en 1918. Y recoge desde el inicio del camino, en Caín, cuando El Cainejo dejó sus quehaceres de segador, hasta el triunfo de observar el entorno asistido por los 2.519 metros de altitud, desde donde nunca nadie antes había mirado: «Soltamos la cuerda y llegamos a la cumbre; nos asentamos sobre unas piedras un poquito, que subiamos casaos; sacó Don Pedro los antiojos y empieza a mirar a todos laos, porque como la niebla estaba baja, como una vega, se veía la de tierra y rebecos en aquella torre ... ¡qué gusto encontrarse donde nadie había pisado!», cuenta El Cainejo en el libro Echamos a andar, que abre el año del centenario de la primera subida al Naranjo del Bulnes, por su cara noreste, con un programa que prevé exposiciones en marzo, en la capital leonesa, y una semana monográfica sobre la gesta en agosto, en Posada de Valdeón y Caín. Gregorio Pérez Demaría (Caín, 1853-1913) hizo acopio de una cronología montañera digna de homenaje. Se recuerdan sus ascensiones a Peña Santa de Enol, a Torre Santa, al Naranjo por la cara sur para colocar la bandera española o de guía para el conde de Saint-Saud por el macizo de Picos de Europa. Sus hijos y sus nietos siguieron la tradición emprendedora de El Cainejo, un hombre que con 51 años dejó de segar hierba en su pueblo natal y se fue al encuentro de Pidal en Vega de Ario; así comienza una de las historias épicas del montañismo que forjó un leonés, hace cien años.

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