Su aplicación revolucionará la medicina, la informática, la industria y la exploración espacial
La nanotecnología, una revolución microscópica que se hace realidad
Los científicos están investigando sobre nanopolímeros que podrían sustituir a los metales
La ambulancia acaba de recoger a una persona con síntomas de sufrir un infarto de miocardio y lo traslada al hospital más próximo. Inmediatamente, el cardiólogo de guardia le aplica una inyección y en pocos minutos el rostro del paciente se relaja, cesa el dolor en el pecho, desaparece la sensación de ahogo y recupera sus constantes vitales. A través de la inyección, unos diminutos nanorrobots han accedido a su torrente sanguíneo y eliminado la obstrucción del vaso cardiaco permitiendo que la sangre circule libremente. Estamos en el año 2040 y desde que los hospitales disponen de nanotecnología clínica las muertes por infarto se han convertido en anécdota. Esto, que parece ciencia-ficción, es uno de los ejemplos de lo que puede pasar en unas pocas décadas si la investigación en nanotecnología continúa creciendo al ritmo actual. Pero, ¿qué es esta palabra tan rara? Sencillamente, una disciplina científica que se encarga de construir a escala nanométrica (un nanómetro es la mil millonésima parte de un metro) máquinas y nuevos materiales ensamblados átomo a átomo, molécula a molécula. Aunque la nanociencia está aún en su más tierna infancia y sólo es capaz de generar y controlar estructuras nanométricas rudimentarias con ciertas garantías de éxito, su enorme potencial ha cautivado a miles de científicos, ingenieros y economistas que sueñan con un mundo a nanoescala. ¿Adiós a los metales? En la actualidad se trabaja para conseguir nanohilos y nanocontactos capaces de permitir una densidad de corriente eléctrica un millón de veces superior al hilo de cobre, lo que reduciría el tamaño de los ordenadores y multiplicaría su potencia. Otras investigaciones se centran en el desarrollo de nanosubmarinos que naveguen por venas y arterias, detecten una enfermedad y depositen un fármaco en el lugar adecuado para eliminarla sin afectar a otras partes del organismo. Según afirma Eric Drexler, posiblemente la mayor autoridad mundial en el tema, las primeras nanomáquinas estarán disponibles en una década y podrán aplicarse a todos los campos de la técnica desde la informática a la aeronáutica pasando por la biomedicina, la manipulación de ADN o los nuevos materiales. En este último campo ya se han empezado a obtener los primeros frutos ya que la manipulación nanotécnica permite generar comportamientos y cualidades en los productos de nueva creación impensables con la química tradicional. En España, se investiga con nanocomposites, polímeros tradicionales reforzados mediante la dispersión de nanopartículas, que podrían sustituir a los metales en algunos sectores como el automovilístico, donde se precisan materiales cada vez más ligeros y resistentes y menos deformables que aumenten la seguridad, abaraten costes y reduzcan el consumo. Se estudia también la creación de nanotubos, partiendo de una nueva distribución de los átomos de carbono, que generarían un material más resistente y ligero que el acero, o el diseño de tejidos capaces de conservar el calor o enfriarse según la temperatura ambiente. Otra de las aplicaciones en el mundo de los materiales son las llamadas aleaciones «amorfas», como el Vitreloy, un material elaborado átomo a átomo que es tres veces más resistente que el titanio y el acero, que ya se ha empezado a utilizar en la fabricación de palos de golf.