Publicado por
CÉSAR A. CHAMORRO
León

Creado:

Actualizado:

EN OCASIONES da la impresión de que gobernantes, sociedad, filósofos, juristas, religiosos y un largo etcétera viven en mundos diferentes, en universos paralelos sin conexión -realmente, puede que así sea-. Cada vez que surge algo nuevo, generalmente poco conocido o comprendido por la mayoría de las personas, se abre un intenso debate en el que todos opinamos con el mejor de nuestros criterios. El problema -uno de ellos- surge cuando perdemos la perspectiva y comenzamos a ver catástrofes mundiales apocalípticas en un tubo de ensayo olvidándonos -parece que es una amnesia terapéutica- de lo que ocurre a nuestro alrededor. No son pocos los que manifiestan su perplejidad de que seamos capaces de apresurarnos a condenar la clonación y sus «terribles» consecuencias por lo que supone de acabar con una ¿vida? en caso de su empleo terapéutico y asumamos con inusitada tranquilidad que millones de niños y adultos mueren diariamente por el hambre. Ya sé que se puede criticar esta comparación por tópica e incluso fuera de lugar pero constata una realidad frente a una hipótesis. Otras personas sienten la misma sensación cuando los gobernantes de un magnífico país como Estados Unidos prohiben todo experimento de clonación con una mano mientras con la otra firman sentencias de muerte, incluidas en ellos -aunque casi ya es lo de menos- a menores o retrasados mentales. No estaría de más hacer estas reflexiones antes de argumentar desde el punto de vista científico y social. Digo que se pueden emplear argumentos científicos pero realmente no es así. Nadie puede argumentar científicamente que un «embrión» de dos o cuatro células es un ser vivo. Tampoco se puede olvidar que ese embrión, en determinadas circunstancias, puede dar lugar a un ser humano -evidentemente, no en tubo de ensayo-. Hace unos días escuchaba en la radio a un médico señalando que como no hay una frontera decisiva en la que se considere que un embrión deja de serlo para adquirir la categoría de ser humano debe de considerarse como tal desde el primer momento. Sinceramente, creo que de que lo que trata, como siempre en la vida, es de ser razonable. Creo que no puede considerarse de la misma manera una célula embrionaria generada en el laboratorio a partir de un ovocito y de un núcleo celular de la misma mujer, sin participación de un espermatozoide, que a un embrión de ocho meses, y es difícil argumentar que los dos casos son lo mismo en diferentes fases; eso no es cierto. Cuando se nos cae el pelo y después de los años llegamos a quedarnos calvos no hubo en realidad un pelo concreto que cuando se cayó nos convirtió en calvos, es un proceso biológico continuo, pero eso no quiere decir que fuéramos calvos desde el principio, el sentido común nos dice realmente cuándo podemos decir que lo somos. De la misma manera, no podemos decir que hay un ser vivo desde que comienza a dividirse un ovocito en un tubo de ensayo y sin participación de un espermatozoide, y ni si quiera cuando eso ocurre en un útero y con participación de un espermatozoide. Por otro lado, huelga decir la cantidad de descubrimientos científicos y técnicos (¿todos?) que se pueden utilizar para el mal y la cantidad de ventajas que han reportado a la sociedad. Desconozco cuantas muertes se han causado en el mundo por medio de un cuchillo desde su invención, que seguramente tuvo lugar con la mejor de las intenciones, para alimentarse o para defenderse de fieras, pero que yo sepa hasta ahora no ha habido ningún debate en el mundo sobre la conveniencia de prohibir todo tipo de cuchillos, cerrar sus fábricas y llamar asesinos a todos aquellos que lo empuñan. Parece, pues, que prohibir la clonación «por lo que se puede hacer con ella» no es un argumento válido ni jurídica, ni moral, ni socialmente. Se trata, una vez más, de regular las actividades humanas sobre una base jurídica razonable, de manera que sea delito cualquier utilización perversa de esta técnica, pudiendo afinar hasta donde la sociedad le diga al legislador.

Cargando contenidos...