Diario de León

Los astrónomos vaticinan una colisión con el cúmulo Virgo dentro de 80.000 millones de años

Un choque entre galaxias marcará el punto final de nuestra Vía Láctea

Existen pruebas fidedignas de la destrucción de una galaxia ocurrida hace millones de años

La colisión de galaxias en espiral las convierte en un conjunto de estrellas moribundas

La colisión de galaxias en espiral las convierte en un conjunto de estrellas moribundas

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G. del Campo - león
León

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Aunque parezca imposible imaginarlo, piense lo que podría suceder cuando un planeta choca contra otro a una velocidad de miles de kilómetros por segundo. Ahora haga volar su imaginación y trate de especular lo que sería el impacto de dos galaxias enteras con sus estrellas, planetas, agujeros negros, materia oscura, etcétera, chocando entre sí a velocidades inimaginables y sometidas a escalofriantes fuerzas de gravedad, de atracción y de repulsión. Pues bien, por primera vez, los astrónomos han encontrado pruebas directas de la teoría sobre el choque entre galaxias al haber podido observar, utilizando varios telescopios y en distintas longitudes de onda luminosa, la destrucción de una galaxia impactando contra un cúmulo de galaxias a más de 6 millones de kilómetros por hora. La galaxia C153, como ha sido bautizada por los científicos norteamericanos, ha podido ser observada en el momento en que se dirige hacia el núcleo de un gran cúmulo joven de galaxias y es destrozada por una colisión de gases disolviéndose en una nebulosa. Según ha vaticinado el astrónomo de la Universidad de Alabama, William Keel, «semejante violencia podría ser el destino final de la Vía Láctea, en la que se encuentra la Tierra, aunque antes habrán de transcurrir millones de años». El destino de la Vía Láctea El fenómeno observado por los investigadores ha permitido demostrar que los miles de millones de cuerpos que pueblan el espacio no sólo no están estáticos, sino que colisionan y se devoran entre sí, tal y como explicó Einstein cuando aplicó al Universo su Teoría de la Relatividad. La investigación realizada por W. Keel ha permitido observar que el impacto de la galaxia C153 arrastró una estela de gases cuya longitud supera los 200.000 años-luz y se desplazó a más de 7 millones de kilómetros por hora. Ahora, la galaxia está siendo absorbida al interior de un cúmulo llamado Abel 2125, que se encuentra a 3.000 millones de años-luz de la Tierra y tiene un diámetro de 20 millones de años-luz. La colisión tuvo lugar hace miles de millones de años, el tiempo que tardó la luz portadora de esa imagen en recorrer los 63 millones de años luz que nos separan de dichas galaxias. Los astrónomos conocen desde hace mucho tiempo que cuando las galaxias en espiral impactan con cúmulos desaparecen las nubes de gas que conforman las estrellas y se convierten en galaxias elípticas atrofiadas que pierden luminosidad a medida que las estrellas mueren sin haber sido reemplazadas. Pues bien, en su colisión con la constelación gaseosa, la nube de gas frío que se encontraba en el interior de C153 es comprimida por el gas caliente del cúmulo generando un estallido de formación de estrellas. Sin embargo, a medida que C153 sigue avanzando pierde sus brazos en espiral y el hidrógeno (necesario para el nacimiento de nuevas estrellas), convirtiéndose en un conjunto de estrellas moribundas. Según los astrónomos, la galaxia ha perdido todo su gas y ya no tiene ninguna fuerza. Este podría ser el destino de la Vía Láctea, una galaxia en espiral con 100.000 millones de estrellas, entre las que se encuentra el Sol, ya que se está dirigiendo hacia un gran cúmulo llamado Virgo. Pero no se asusten porque esto no ocurrirá antes de unos 80.000 millones de años. En cuanto a los seres vivos que habiten entonces nuestro planeta, es muy probable que no se vean afectados por la colisión y solamente se perciba una pérdida gradual de luminosidad de la Vía Láctea así como la reorganización de las estrellas en el firmamento.

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