Viaje al fondo de la esquizofrenia
Un simulador permite meterse en la piel de los pacientes para vivir la enfermedad en primera persona y poder tratarla mejor. El instrumento pretende servir a los psiquiatras para que experimenten de cerca los síntomas

Ilustración que alude a la esquizofrenia
La vida cotidiana enseña su cara más amable a Manuel, ante cuyos ojos desfilan músicos callejeros, charlas amistosas, bulliciosos tranvías y automóviles, tiendas de comida, noticias televisivas sin dramatismo y hasta la mágica ingenuidad de una niña con un globo. Pero, de pronto, todas esas gozosas imágenes se lanzan a una desbocada carrera por su cerebro que, también de repente, queda cortada en seco por un apagón cegador, un molesto pinchazo, un incómodo zumbido, una música estridente. De fondo se deja oír una tenebrosa voz que repite: «Manuel, Manuel...» No es más que el principio de un viaje interior por la esquizofrenia, a bordo de un simulador creado por Janssen-Cilag para vivir en primera persona la enfermedad, comprenderla y poder tratarla mejor. Bautizado como Paved with fear (pavimentado o asfaltado con miedo), ese instrumento virtual pretende servir de herramienta de trabajo a psiquiatras y personal sanitario, que pueden así meterse en la piel de los pacientes y experimentar algunos de sus síntomas. Una auténtica alucinación virtual que se consigue en una pequeña cámara oscura, frente a una gran pantalla y con los pies sobre dos suelas metálicas, hasta quedar atrapado en una vorágine de sonidos, imágenes y movimientos que bien puede calificarse de no apta para cardíacos. «Manuel, Manuel...», repite la intimidatoria voz mientras el protagonista baja las escaleras y siente que la gente le mira, que los edificios dan vueltas. Su cotidiana visita al mercado empieza a convertirse en una experiencia aterradora, abrumado por los ruidos ensordecedores que resuenan en su cabeza y por las miradas de ida y vuelta -su vista se va deteniendo fijamente en la misma gente que le observa con gesto compasivo- que se le clavan en el alma. «Que viene, que viene», escucha a su alrededor. Y, súbitamente, el suelo de la cámara oscura se mueve, pega un salto sobrecogedor. Tiempo de sustos. La atención queda concentrada en una sola persona, las miradas se hacen penetrantes, las charlas ajenas se sienten como cuchicheos acusadores, la música del acordeón callejero suena ahora como la de un órgano en pleno funeral. Y estalla el globo infantil, y el semáforo parpadea con prisa, y se oyen llantos... Otro impacto. Vuelve a moverse el suelo, esta vez a ambos lados. Pero aún no llega la calma. Lee en el periódico que la Policía ha arrestado al sospechoso de un crimen. Y, de pronto, otro susto: «Tú serás el próximo, Manuel...».