Diario de León
Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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CUANDO LLEGÓ A LEÓN, hace algo más de dos años o acaso de tres, porque yo nunca anoto la biografía de los amigos, que me basta con saber que están, y les siento aunque transcurra tiempo y tiempo sin conseguir un encuentro, siempre tan necesario. Víctor Núñez acudía a León a cubrir el puesto para el cual le habían preferido. Un puesto de responsabilidad, que algo o mucho tiene que ver con el temple de los pueblos y el comportamiento de los hombres. Víctor Núñez se presentaba silenciosamente, humildemente diríamos mejor, sin hacer ruido, convencido como estaba, como está, de que la mejor demostración de acierto es precisamente no dejarse ver, ni sentir, sino por aquellos dispuestos al mejor entendimiento. Víctor Núñez desplegaba su cartela, no de desafío sino de presentación, como lo que en verdad era, sobre la mayor parte de las cosas: Poeta, pintor, inventor de fantasías y hombre resueltamente dispuesto a cumplir seriamente, honestamente con su deber. ¿Y cual puede ser el deber de un poeta? Escribir versos para el aire, para el viento, para las hojas del árbol de todos los otoños. Y esto lo vino haciendo durante su estancia entre nosotros, con tal fruición y amor, que acabó por sentirse parte de la entrañable biografía leonesa y eco cordial de todos los ecos. Publicó libros precisamente en donde debía: en el Bierzo. Versos como estos: «De amor por ti/ se me ha ido el sentido de la medida/ vereda abajo». Nada menos. Y se entregó a buscarle la entraña viva a León frente al lienzo y sobre la gran pantalla de Ponferrada o de Bembibre o de Villafranca, que todo es bierzo y verso, desplegó sus telas amantes, cargadas de color y de ilusión. Y fue reconocido como Cronista plástico de una parte principal de León. Y en la capital conquistó amigos y sembró seguridades. Fue siempre y lo seguirá siendo, hombre abierto, generoso y cordial. Y ahora y en esta hora de cambios, se nos va, nos le llevan, nuevamente se pone en camino. ¿Hacia dónde? «A donde el viento me lleve», que dice una canción juvenil y su salida de estas tierras nuestras y suyas me duele, porque sé que la distancia me privará de un buen amigo a mí y de un ciudadano de honor a la Ciudad. En esta hora -cuando suene- quiero, quisiéramos estar junto a ti, para que obtengas el sentimiento de fiel recuerdo que todos guardamos. Será un nuevo palmo de tu existencia, esta memoria nuestra, como la que tu dejaste anotada con amor: «Qué pasa contigo/ que no te veo./ Que pasa contigo/ si estás ya lejos». Cuando una Ciudad como León se desprende o la arrancan uno de los miembros más sensibles, algo muy profundo se rompe. Y León no está para pérdidas de tu calibre humano, Víctor Núñez.

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