Gente de aquí y de allá | Peregrinos con historia
Trece años en el Camino
Una pareja de octogenarios franceses de origen español recorren, por décimotercera vez consecutiva, la ruta a Santiago, de la que dicen que está perdiendo su espíritu
La llegada del buen tiempo ha poblado el Camino de Santiago en León de peregrinos de lo más variopinto y pintoresco, de jóvenes y de mayores, de grupos, de solitarios y de parejas. Una especial cruza estos días Tierra de Campos, el Páramo, el Órbigo, la Maragatería y el Bierzo antes de adentrarse en Galicia. Son José Luis Corona y Luisa Gascón, un matrimonio francés de origen español, con ochenta años recién cumplidos y residentes en la ciudad de Toulouse desde hace más de sesenta años. Llevan haciendo el Camino de Santiago desde el Año Jacobeo de 1993. Parten siempre de Saint Jean de Pied de Port, al otro lado de los Pirineos. Lo llamativo, lo especial, es que lo hacen todos los años, sin fallar ninguno, y que han logrado terminar siempre a los pies del apóstol en Santiago de Compostela. Aunque como ellos relatan, «algunas veces con fuertes dolores, mucho sufrimiento y penurias». Pero «eso es precisamente el Camino de Santiago, y no queremos que sea otra cosa», destaca José Luis. Luisa Gascón nació en Toulouse de padres españoles emigrados hace más de ochenta años y José Luis Corona emigró desde Vitoria a principios de los cincuenta del pasado siglo, aunque su familia era de un pueblo de Valladolid. Los dos desgranan multitud de anécdotas. «Una vez nos desviamos del Camino, quería ver de nuevo mi antigua casa de la infancia en Vitoria y ya no existía, la habían derribado y había una nave industrial en su lugar; así es la vida», comenta el hombre. Cuenta que el inicio de esta aventura peregrina «fue necesidad de conocer gente, de buscarnos a nosotros mismos, de hacer algo positivo; y no nos arrepentimos de haber empezado, es algo muy hermoso». Califican estos años de muy duros: «En 1993 lo realizamos en 26 días Una locura, acabamos destrozados literalmente; hoy nos lo tomamos con mas calma y venimos haciéndolo en 32 o 36». «Queremos conocer cosas, hablar con la gente y hacer amigos; también ayudar», dice la mujer. «Este año hemos visto morir a nuestro lado a un suizo por un colapso cardíaco producido por agotamiento cerca de Puente La Reina; no pudimos hacer nada por él fue una pena, el camino es duro y exige tranquilidad y fe», relatan para añadir desde su experiencia: «No es una prueba deportiva, debe de ser un contacto con uno mismo y con la naturaleza y cuando hay que parar pues se para». La pareja gala también afirma que no les gusta en lo que se está convirtiendo el Camino, «en un tour turístico». «Es otra cosa, es espiritualidad, es reflexión, es búsqueda dentro de uno mismo, no se puede convertir este Camino en una ruta turística». No obstante, en la Ruta Jacobea han hecho amigos de todo el mundo, con los que se cartean. «He tenido que aprender algo de otros idiomas para contestar», ironiza José Luis. «Tenemos miedo de que el auténtico espíritu del Camino de Santiago se pierda», insiste. Mientras habla vemos llegar al albergue de Villadangos a un grupo de cinco peregrinos de mediana edad en un taxi, con sus pesadas mochilas. La mirada de reprobación del matrimonio es más que evidente: «Pues le quitarán el sitio a quien llegue andando mucho más tarde y totalmente roto, es una auténtica vergüenza», sentencia Luisa Gascón. No obstante, afirman que repetirán cada año «mientras podamos». «Pero debéis de decir por favor a todos que hacer el Camino es algo distinto a como lo están realizando la mayoría de las personas, que venir es sufrimiento, reflexión, pararse a hablar con las gentes para conocer de los demás, no es una competición ni algo para presumir ante los amigos: quien hace el Camino de verdad andando, cuando llega a Santiago de Compostela ha cambiado dentro de si mismo y ante los demás», sentencian.