Creado:

Actualizado:

PEPÍN BELLO salió ayer en los papeles porque le han concedido la medalla de Bellas Artes por su contribución al surrealismo español, cosa que es cierta, pues sin tener obra publicada ni lienzo pincelado, inspiró a la peña irrepetible de Lorca, Dalí y Buñuel, de los que fue inseparable en su etapa de residencia de Estudiantes, todos juntos a Toledo los domingos, todos buscando el latido oculto de la realidad onírica y sublevada. Lo que no me cuadra es la edad que le atribuye la noticia, cien años. En el 87 estuvo Pepín Bello unos días en León. Le habíamos traído para una exposición de dibujos de Lorca y aquí concelebramos con él, según aseguró, su ochenta cumpleaños. Fue noche larga en la que nos tumbó a todos. Trasegó wisky como si fuera gaseosa y, cuando a las siete de la mañana le dejábamos en el Hostal, aún preguntó al recepcionista si ya estaba abierto el bar. Lo lamentamos, señor. Pues súbanos una botella a la habitación. Pepín, no jodas. Se lo pasó pipa Pepín. A la semana siguiente me mandó un montón de fotos que nos habíamos hecho en aquella conversada noche bebida y en otros paseos de piedra gótica; en la nota consignaba: ha sido el cumpleaños más feliz de mi vida. Exageraba, seguramente; era su proverbial gentileza. Pepín, que ha sido toda su vida solterito y bon vivant, nunca habla de la influencia creadora que tuvo sobre el grupo surrealista, así que esta medalla le viene como anillo al mérito. Enhorabuena, don José; ha sido por derecho y discreción. A Bello le habría parecido genialidad surrealista la sorpresa que deparó Prada a Tope a sus doscientos invitados en Canedo cuando el martes pasado presentó sus vinos ecológicos. Dispuso una visita a los viñedos altos y anunció la llegada de las limusinas de Campelo para trasladarnos en el periplo. Las limusinas resultaron ser tractores; todos al remolque. Parecíamos jornaleros en jolgorio con sombrero de paja. También lo pasamos pipa. Sin duda, muchos jamás habían tenido la oportunidad de viajar así y quizá nunca se les vuelva a presentar el modo. Faltaba allí Pepín Bello y su risa perpetua porque fue de esos días que uno sabe irrepetibles. Prada lució su llaneza; y aquel campo berciano, su exuberancia. Pepín y Prada saben que el mundo sólo se promete a los que sueñan al pie o debajo de la realidad.

Cargando contenidos...