Diario de León

Biplaza convertible y aire elegantemente retro en el Personal Transporte descapotable

Chrysler destapa dos de sus modelos emblemáticos: Crossfire y PT Cruiser

La conjunción entre los germanos de la Daimler-Benz y los americanos ofrece productos sugerentes 1397124194

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Javier Fernández - león
León

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Causaron furos en los cincuenta -del siglo pasado- y tal parece que pretendan volver a causarlo. El concepto roadster , cual ave Fénix y más vivo que nunca, salta de nuevo a la palestra en realizaciones tan espectaculares como la que propone Chrysler con el aire libre del deportivo Crossfire. Está visto que la conjunción entre los germanos de la Daimler-Benz y los americanos de Chrysler ofrece productos cada día más sugerentes. Por aquello de las sinergias de grupo (frase que tanto gustan de utilizar los modernos ejecutivos) resulta ser que nuestro protagonista, el Crossfire Roadster, comparte tecnología, y filosofía, además de plataforma y gran parte de componentes mecánicos, con la generación Mercedes SLK. El resultado es un precioso descapotable capaz de conjugar la tranquilidad de un «paseante» con la fogosidad de un auténtico sport cerrado. Quiérese decir que su propietario tanto puede rodar «abierto» a velocidad contenida, incluso por debajo de los límites establecidos, como enlazar sinuosos trazados a ritmo... «vivo» con, eso también, la agresividad estética y visual propia de las más puras realizaciones USA por mucho que, también se sabe, los modelos deportivos del otro lado del Atlántico no se hayan caracterizado nunca por la brío y «maneras» de sus homólogos europeos. Es esta una tónica que ahora podría romperse por mor, insistimos, de las «dichosas» sinergias (alguna vez tenía que servir para algo positivo). Con tan sólo pulsar un sencillo mando eléctrico situado en la consola central y girar un tirador dispuesto en la zona alta del parabrisas... se liberará la capota, se bajarán las ventanillas y el Crossfire mostrará entonces su bella estampa cielo abierto . El sistema eléctrico acciona a la vez el alojamiento posterior para la capota -y su luneta de cristal- volviendo a cerrar la tapa, al estilo de lo que sucede con las versiones, también muy en boga, de techo duro retráctil. Para quienes piensen que la capota de lona está desfasada, convendría recordarles que la tecnología multicapa de la lona y, desde luego, el evidente glamour estético de esta solución supera con creces las posibles reticencias. La mecánica elegida por Chrysler para motorizar al convertible Crossfire es la misma que se emplea en la versión coupé, el conocido V6 de 3.2 litros (218 CV) unido a un cambio manual de 6 velocidades (opcionalmente está disponible un cambio automático de 5 marchas). Se trata de una aplicación mecánica, esta del V6 y la caja de «seis», muy agradable de manejar, progresiva y elástica, que acaba por ofrecer unas cotas prestacionales perfectamente a la altura de lo que espera de una realización especial: 6,5 segundos en aceleración de cero a cien y 240 por hora de punta. Eso sí, por aquello de la herencia americana, el consumo medio puede superar ligeramente los diez litros (no llega a 500 de autonomía) aunque, se supone, este no será un capítulo determinante a la hora de decidirse por la magia del Crossfire Roadster; existen otros factores mucho más significativos para disfrutar -¡y cómo!- de un coche como éste. Tal como sucede en el su hermano «tapado» Crossfire Coupé, el descapotable cuenta con el mecanismo de alerón posterior que «emerge» de la tapa del maletero a partir de 100 Km/h., aumentando la presión aerodinámica («carga» la llaman los expertos) sobre el eje zaguero (el propulsor) para mejorar el comportamiento del coche a alta velocidad. El equipamiento de serie comporta asientos eléctricos y calefactables, con tapicería de cuero, cuatro airbag, ESP, radio con CD, aire acondicionado semiautomático (sin climatizador), alarma... La suspensión independiente (con amortiguadores de gas en ambos trenes) y unos frenos «inasequibles al desaliento», resultan ser la guinda de una realización que enamorará a los amantes de los descapotables... y de causar sensación en los estivales paseos marítimos. En fin, ya se sabe, los descapotables son para disfrutarlos... y para que los disfruten los «espectadores».

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