Diario de León

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Videojuegos de destrucción masiva

En pocos meses saldrán a la venta dos simuladores basados en los manuales con los que el Ejército de EE.UU. entrena a los marines en la guerra contra el terrorismo islámico

Publicado por
Óscar Santamaría - redacción
León

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La realidad supera siempre la ficción. Una vez más la máxima se cumple, y en este caso el campo de batalla sirve de inspiración para los videojuegos más sofisticados. La maquinaria militar de Estados Unidos es una cantera inagotable para las grandes compañías del entretenimiento, que explotan un filón más que rentable. Así, en los próximos meses verán la luz dos videojuegos basados en los simuladores de combate que usa el ejército para entrenar a sus tropas, nutridas en los últimos años por la generación PlayStation. First to fight y Full spectrum warrior saldrán a la venta en otoño con éxito asegurado -juegos similares creados anteriormente por el Pentágono vendieron más de diez millones de copias-. Son programas de alta tecnología ambientados en la guerra contra el terrorismo islámico que sirven para adiestrar a los marines. La calidad y realismo de sus imágenes y situaciones están tan logradas que es difícil distinguir entre realidad y ficción. El jugador tiene a sus órdenes un escuadrón de entre seis y ocho soldados de infantería que se adentran en pequeñas ciudades de algún país de Oriente Medio oprimido por un dictador. «Bajo fuego enemigo» «Está diseñado para entrenar a los Marines, para que tomen las decisiones adecuadas en un ambiente hostil y bajo fuego enemigo», explica Peter Tamte, uno de los creadores de First to fight, diseñado con la ayuda de cuarenta soldados que han luchado en Afganistán e Irak y de manuales de entrenamiento teórico del ejército. El juego está ambientado en el Líbano del 2008, y da una perfecta sensación del caos, la confusión y la tensión que se vive durante los combates urbanos. Entre sus tareas militares, los jugadores tienen que decirle a sus soldados a dónde ir y qué hacer. Pero también deben, como en cualquier «guerra moderna», atender a la seguridad de los civiles y la prensa, tomando decisiones vitales en tiempo real y enfrentándose a las respuestas no programadas de su escuadrón virtual. Cuando uno de sus miembros cae herido, el jugador debe asegurar el área y garantizar la llegada de los equipos médicos. Todo en cuestión de segundos. Una de las preocupaciones es si estos videojuegos no son lo suficientemente realistas y su pueden crear malos hábitos entre los soldados que, en un escenario con fuego de verdad, les costarían la vida. Otra sombra recae sobre la posibilidad de que sean utilizados por terroristas. Aprender Según Tamte, «ser un marine es mucho más que lo que puede verse en un videojuego». Quizá se así, pero cuando la misión termina, los jugadores-marines pueden revisar sus jugadas y aprender de sus errores. Y eso no siempre sucede en la vida real. La pregunta es, pues, si la ficción hace más real o irreal el campo de batalla.

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