Diario de León
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LUIS ARTIGUE
León

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ESTA SEMANA EN EL Auditorio hemos visto «Agamenón», teatro clásico telúrico repleto de ese pálpito que tiene lo eterno, lo verdadero, lo profundamente humano. Hubo casi un lleno y, además, salimos llenos. Sí, todo un lujo para León. Y el caso es que uno acude sorprendido a ver una obra así, producida en León y montada por una compañía de aquí -Diadres- en colaboración con una de Madrid, y le asalta la sensación de que algo está cambiando, que volvemos a ser, que se ésta haciendo ciudad. Se trata de una representación innovadora de escenografía austera, vestuario modernamente creativo y un acertado acompañamiento musical en directo que realza la solidez trágica de un texto teatral imprescindible que es difícil de entender, e imposible de olvidar. El coro de las tragedias griegas es la conciencia universal del ser humano: cuenta la vida y nos la explica. El problema radica en que si no existe una compenetración siamesa entre los actores que forman el coro y, aún más, si no existe una súbita simultaneidad exenta de individualismos el espectador no entiende nada, y menos el espectador actual poco acostumbrado al coro y a la conciencia. He ahí el gran reto del teatro clásico para los directores escénicos y los actores. Y es que los griegos, creadores de la democracia, crearon tambien el coro en sus tragedias concevido como una democracia actoral en la que muchos se hacen uno al mismo nivel y al mismo tiempo. Probablemente al coro le faltaba rodaje en este caso y a veces había disonancias, sí,pero eso se irá puliendo a fuerza de representaciones. De todos modos no podemos dejar de encomiar esta producción arriesgada, tan creativa, y sacada adelante con buen gusto y espíritu innovador. Además con esta obra le han dado la oportunidad de demostrar a esta ciudad que no le falta criterio, que aquí la calidad también tiene su público, que necesitamos el teatro catárquico que nos mantenga a raya la estupidez y la angustia y, por eso, lo sabemos valorar. Los que igualmente estabamos inscritos en el curso de verano «Hechizeria, magia y encantamiento en la mitología clásica» que se ha celebrado en Universidad de León, hemos disfrutado sobremanera con esta obra al ver a la hija de Príamo, profetisa y bruja a la manera griega, esto es, dotada de una sabiduría práctica transcendente y modélica por decirlo según entendían la magia Giordano Bruno y Leon Hebreo. Así nos fijamos especialmente en como el fin último de la sabiduría es aprender a aceptar la propia muerte, y en eso resulta todo un paradigma ese personaje, esa mujer, esa encarnación de la inteligencia y el amor por la verdad y lo correcto, esa antítesis, en suma, de Helena de Troya. Ahora que los medios de comunicación nos distraen mientras se derrumban las ideologías, ahora que la noche cerrada y el petróleo se parecen demasiado, duele pero urge volver a la tragedia, como se hace necesario y casi imprescindible recuperar el sentido y, así, la identidad. Felicitamos desde aquí entusiásticamente a la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de León, a los programadores y a la Universidad porque en estos tiempos en los que la política cada vez parece tener menos principios altruístas o grandes ideales salvo el interés económico, volver al tiempo en el que se declaraba la guerra por una mujer, y se daba muerte a quien al gobernar no cumplía su palabra ni pensaba en la justicia y en el pueblo sino primero en si mismo, como Agamenón, enriquece e ilumina. Esta semana se ha producido una fiesta del espíritu, una representación teatral mítica que nos ha llenado de magia, de más allá, de sabiduría femenina, sobrenatural, práctica y clarividente.... Y ha sido en León.

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