Por aquellos tiempos, el muro separaba la opulancia capitalista de la grisura y los coches desvencijados del Este.
Quince años después de estas imágenes, Berlín Este, Leipzig y las demás ciudades orientales se han occidentalizado.
La "revolución de terciopelo" ha significado para muchos la liberación del yugo de la República Democrática. Para otros la desaparición del muro de la discordia sólo ha traído fuertes desengaños.
Y es que, a pesar de la alegría que mostraban los pequeños entre los escombros en el año 89, lo cierto es que la nueva Alemania sigue siendo un país dividido.
Las diferencias no son ya físicas, sino mentales, económicas y sociales.
En el Este la población se ha enfrentado a una creciente tasa de desempleo, que ha provocado sentimientos de inseguridad, y el renacimiento de la "Ostalgia", también conocida como la "nostalgia del Este".
Y es que, a pesar de las inversiones multimillonarias a este lado del muro, los ossis (alemanes orientales) se consideran ciudadanos de segunda.
Los alemanes orientales tienen una semana laboral más larga y salarios más bajos, aunque, por descontado, ganan más que antes.
Ese sentimiento se traslada a las personas. Quince años después, en las calles alemanas aún se habla de los de aquí y los de allá.
Muchos han optado por mudarse a la parte más opulenta del país. En los últimos 14 años, los cinco länder incorporados a la reunificación en 1990 han perdido 850.000 habitantes.
Tampoco en la otra zona los pareceres han cambiado. Tal es así que el 24% de los alemanes del oeste hubiesen preferido que no hubiera caído el muro.
Si en el este se quejan de la prcariedad, en el oeste culpan de la crisis económica actual a los astronómicos gastos de la reunificación.