Nada, mujer
EN UN BAR que se atraca de muchos funcionarios a la hora del cruasán hay dos que discuten y uno alega elevando tono para que oiga la parroquia. ¿Quién era reino de León, el pueblo? ¿Quién se sentía reino y como tal obraba? ¿El pueblo, de verdad?... Anda allá, majadero, el pueblo no es nada, el pueblo pecha y calla. Los problemas de escudos y banderas fueron siempre y sólo del señorito, del que manda y chupa. El pueblo no vive de eso, pedazo de criado, empleao, lacayo, arrastrao, edil maestril con el badil en la mano para arrear en los nudillos... Mira al pueblo, tu pueblo. ¿Tú crees que alguna vez se ha sentido reino de algo que no sea su pobreza, su sobrevivir entre trabajos y mordiscos? Ese pueblo ha pasado todos los siglos de su historia cagándose en sus reyes, condes y monseñores, incompetentes gobernantes que les cegaron futuros, y en los caciques intermediarios que sufrieron a pie de obra expoliando toda prosperidad. Así fue entonces. Aún se ven lodos. Esto sí, con corbata... Otro bar, otro ruido, otra peña. En charla de barra un picudo profesor pontifica: Las primeras Cortes democráticas de Europa -del mundo mundial, si se apura- celebráronse en León, gracias a León, viva León, alza el rabo León. A demócratas no nos enseña nadie. Del fondo de humo y billar salió una voz: ¿Democráticas aquellas Cortes porque asistieron las «ciudades»? ¿Qué pueblo era ese, aquel alcaldón a dedo a quien dejaron como oyente en una cámara en la que sólo hablaban condes, obispos y un rey que no les hacía caso?... Así que democráticas, ¿verdad?, no amuele, profesor... ¿Quién ha sido ese?... Este menda, eminencia... Hombre, Valladares, ¿usted por aquí?... ¡Suspendido!... El de tu barrio es bar de pocas sentencias, mandan chismorreos puñeteros, aburrida charla de los mismos con lo mismo, silencios perpetuos de pareja de jubiletas que se lo han dicho todo, les interesa escuchar nada y matan sus finales viendo pasar gente, coches, cosas y leyendo la prensa de gorra. Mira, Fermina, lo que pone el periódico, se pegan por un pasado que tiene mucho de llorar y aún no saben quiénes son, quiénes quieren ser o cómo ha de ser su futuro. Y eso es no ser nada... ¿Qué marmuras, Canor?... Nada, mujer.