Diario de León
Pedro García Trapiello

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POR HACER de profeta güero y gafe apostando por el Boss Bush me gané más de tres cenas y, pese al hartón electoral que ya nos estomaga, estoy dispuesto a cobrarlas; faltaría. Mi apuesta no nació de fe política, que no la tengo, ni de mi pronto simpático, que lo gasto con gente decente, sino por contrariar a la posición mayoritaria de la paisanada que vaticinaba o confiaba en el triunfo de un Kerry largaritón y algo gañán con pintas de portero de balonmano, una victoria necesaria para barrer de la Casa Blanca a un tuercebotas que se piensa Julio César inventándose su propia guerra de las Galias... ¿las Galias?... ¿por dónde caen, asesor?... ¿hay petróleo?... No, boss, allí hay galos, vinos, quesos y un terrorista llamado Astérix que incita a la sublevación y organiza unas emboscadas arrasadoras dispensando a los suyos un arma secreta de destrucción masiva, una pócima recocida con agua de peruco, unas páginas del Corán y hierbas del bosque que sólo conoce el mago y el sumo sacertote de esta perversa y belicosa religión... ¿Eso cae por Francia?, insistió el boss. Más o menos. Pues que se jodan los franceses y lo arreglen entre ellos. Nosotros, a lo nuestro; seguiremos en Irak... Kerry también hubiera seguido, nadie se engañe. El mal de la guerra y su amplia contesatación social (también allí) no funcionó tal y como confiábamos tras estos cristales nuestros. Allí dijeron y votaron más leña al mono, al moro, hasta que aprenda el catecismo porque aquello es sopa espesa de patriotismo nacionalista a diestro y siniestro; es clima atufado donde no sólo mandó el miedo, sino también la chulería, esa puta arrogancia que exige al colonizador peliculero no abandonar jamás una pelea en su mitad, pelea que siempre comienza -según guión- dejándose dar el jicho unos guantazos sin mayor quebranto para justificar después la aniquilación del adversario, su total derrota: «Dios mío, no permitas que se mueran; ¡déjamelos a mí!» (John Wayne). Para los españoles se votaba «con o sin vasalina», se dijo donde la Otero. Salió el «sin», así que vete untándote con mantequilla. Y ten a mano también manteca de cerdo, aborrecida e intocable para todo musulmán, por si te asalta por atrás uno de Al Qaeda o el dueño de los pozos petrolíferos, que a lo peor también es el boss o un socio coyuntural, vete a saber.

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