Fallece el bebé británico al que la justicia permitió aplicar la eutanasia
La familia del bebé enfermo terminal cuya suerte debían decidir los médicos y que ayer murió en un hospital de Liverpool (noroeste de Inglaterra) ha pedido una investigación para averiguar si los doctores hicieron lo posible para salvarlo. El pasado 22 de octubre, el Tribunal Superior británico autorizó a los médicos a no aplicar ventilación artificial a Luke Winston-Jones, de 10 meses y que sufría el síndrome de Edwards o Trisomía 18, si empeoraba. Sin embargo, sí debían administrarle masajes cardíacos si lo consideraban oportuno, por ser un tratamiento menos agresivo. El bebé murió esta madrugada y, aunque los médicos aseguran que cumplieron la sentencia, la familia duda de que su actuación fuera la correcta. «Estamos tristes, pero también enfadados por la actuación del personal médico», comentó la tía del pequeño, Jacqui Kirkwood, quien aseguró que los doctores no quisieron aplicar procedimientos que, en su opinión, hubieran salvado la vida del pequeño. En este sentido aseguró que «queremos una investigación de lo que ha pasado einsistió en que este tema no será olvidado por la familia. La madre del bebé, Ruth, dijo estar «muy traumatizada» por los acontecimientos. Por otra parte, una portavoz del hospital explicó que el bebé murió de madrugada y el personal del centro intentó revivirlo durante una hora, pero su estado había «empeorado las últimas 48 horas» y no fue posible. Así afirmó la portavoz que «estamos convencidos de que el hospital actuó siempre en interés del Luke y cumplió la resolución del Tribunal Supremo». Además del síndrome, que consiste en la presencia de un cromosoma adicional en el par 18 y cuyos síntomas son crecimiento lento, puños cerrados, retraso mental y defectos renales, entre otros, el bebé padecía problemas respiratorios y cardíacos. Visto que no tenía esperanzas de vida, el tribunal autorizó a los médicos no reanimarlo mediante ventilación artificial si sufría una recaída. La decisión judicial sobre el caso de Luke fue la segunda de ese tipo en el Reino Unido. El mismo mes el Tribunal Supremo autorizó a los especialistas a dejar morir a la niña prematura Charlotte Wyatt si su estado empeoraba y dejaba de respirar, aunque, de momento, la pequeña sigue viva. La madre del pequeño, Ruth Winston-Jones, de 35 años, acabó aceptando la decisión del tribunal tras admitir que su hijo estaba enfermo terminal y acabaría muriendo, aunque insistió en que no se le debería dejar morir sin darle una oportunidad de luchar. Los médicos no querían administrar a Luke ventilación artificial porque consideraban que no iba «en su interés», al ser un mecanismo más agresivo que requiere anestesia y causa dolor.