CRÉMER CONTRA CRÉMER
La insaciable pintura de Modesto Llamas
EN LA GALERÍA Armaga de este mismo León de los orígenes del pintor, expone una muestra varia, vibrante y aparentemente contradictoria y conflictiva Modesto Llamas. Conviene sin duda intentar explicar por nuestra parte la correcta aplicación de estos atributos: téngase en cuenta, si de verdad se quiere saber algo de cualquier forma de arte, que todas las expresiones artísticas implican conflicto. Todo aquello que no altere el imprevisible curso de los vientos y se entrega, sin resistencia a su soberanía peregrina, acaba inevitablemente en mimetismo o en plagio, que ya lo dejó prescrito el imparable maestro D'Ors y más severamente, Aldous Husley, cuando decretaba: «El artista, el hombre en suma, es un animal de combate». A estos sabios pretextos responde la pintura de Modesto Llamas: insaciable siempre de sus pronunciamientos, busca y encuentra, a vueltas y revueltas de preceptos, normas y modos. No modas, no ejercicios de indagación interna. El pintor penetra en sus propios entresijos y se traduce. El pintor se resiste a aceptar consignas y su obra, ya extensa y diversa supone un combate a corazón abierto y rampante con la tramposa invitación de los explotadores de lo correcto o de lo ingenioso. Modesto Llamas no se resigna a indagar la procedencia y el destino de su pintura, sencillamente porque no está gloriosamente seguro de ella y rompe esquemas e inventa valoraciones y descubre texturas en una indomable pelea con la precipitación de su sangre. De ahí la mágica transparencia de su paleta y el desbordante flujo de un color siempre como acabado de nacer. Y esa caligrafía larga e ingobernable en la que se instalan técnicas, conocimientos y ciencia en el manejo de los mecanismos de expresión. La nómina artística que se nos propone habitualmente en provincias, aparece tocada y herida de necesidad de ajustarse a las fórmulas de comunicación más cercanas al gusto del común. La independencia de Modesto Llamas le impide aceptar soberanías ni maestrazgos, lo que no impide acoger las voces más resonantes y ciertas. Modesto Llamas puede permitirse la licencia de pintar sin atender a ninguna forma de seducción, ya en el medio del camino de la vida y milagros de una andadura noblemente ambiciosa que no acepta sin resistencia que los ecos empañen el sonido de su voz singular. Modesto Llamas expone en su propia patria una de las demostraciones de sabiduría más plenas que cabe exigir de un maestro. No faltará quien ante la proposición artística de Modesto Llamas, se deje caer -en el sentido más real- con opiniones como la de que su pintura, no nos llega por ser impenetrable. Esta es la sin razón a la que se atienen los perezosos mentales, que se empeñan en ver la pintura como un objeto de decoración, cuando es un motivo de guerra permanente. En esta guerra aparece Modesto Llamas y se afirma en aquella doctrina que dejó Pablo Picasso cuando declaró: «La pintura no se hizo para decorar apartamentos: es un instrumento de guerra ofensiva y defensiva contra el enemigo».