Gente de aquí y de allá | Escándalo en Reino Unido
El amor de un ministro
David Blunkett, titular de Interior británico, acude a los tribunales para afirmar la paternidad de un hijo con su amante, una mujer casada que no le deja ver al niño

La reina Isabel hace un gesto cariñoso al perro guía de David Blunkett, en el centro
El ministro británico de Interior, David Blunkett, logró ayer una primera victoria legal en un proceso para el reconocimiento por su amante, Kimberly Quinn, de la paternidad del hijo de ambos. El proceso pone en entredicho la imagen tópica de los británicos, y especialmente de su clase política, como una población propensa a la hipocresía sexual o al puritanismo. Blunkett, que es el primer ministro ciego en la historia de los gobiernos del Reino Unido, quizás podría haber ocultado su relación con Quinn, que está casada, pero la ha aireado inevitablemente al reclamar su derecho a participar en la educación de un niño al que se identifica en el proceso legal como A y que él asegura que nació como consecuencia de la relación afectiva y sexual entre ambos. Ayer, un juez del Tribunal Supremo decidió publicar su sentencia -alegando la necesidad de aclarar las falsedades escritas sobre el caso- en la que afirma que las posibles complicaciones en el embarazo de Quinn, que espera otro hijo, no son impedimento para que avance el pleito sobre la paternidad de A. Los trámites judiciales posteriores se desarrollarán en privado y exigirán la práctica de pruebas genéticas. Blunkett ha señalado que él no ha tenido en ningún momento intención de hacer público este pleito, que considera parte de su vida privada. La oposición conservadora le ha respaldado y no ha pronunciado ninguna crítica al ministro, que se separó de su mujer hace ya muchos años. Acceso informal Kimberly Quinn y su marido resisten, sin embargo, el empeño de Blunkett en ejercer su derecho de acceso al niño. El ministro ofreció la paz a los Quinn, en un breve comunicado, en el que señala que no recurriría a los tribunales si se le permite acceso informal a quien considera su hijo. Pero no lo ha tenido desde agosto. El pleito legal ha coincidido con la publicación por la prensa, posiblemente informada por el entorno de Kimberley Quinn, de que el ministro de Interior habría intervenido para facilitar el visado de estancia en el Reino Unido de una sirviente de los Quinn. David Blunkett lo niega y el Gobierno ha encargado una investigación independiente sobre el episodio. Las cuestiones morales quedan así divididas. Sería quizás motivo de dimisión que un ministro hubiese influido para esquivar la ley o favorecer los intereses de sus allegados. Pero la defensa pública por David Blunkett de su derecho a participar en la educación de quien cree que es su hijo o de sus relaciones afectivas con una mujer, al margen de lo que es convencional, han merecido incluso el elogio de la prensa hostil al Gobierno.