CRÉMER CONTRA CRÉMER
La confusión municipal
LA VERDAD es que los leoneses, madre, no esperaban este barullo municipal que se ha montado desde hace ya demasiado tiempo y que amenaza muy seriamente con producir lo que los sociólogos llaman «catastrofismo político», por culpa ciertamente de aquellos que debieran estar más dispuestos al esclarecimiento puntual de todos los objetivos reales por los cuales dicen los diversos grupos rivales que luchan. Con su pan se lo coman , repliegan los antiguos, sumidos estos en el famosos mar de confusiones que ya es clásico en las costumbres políticas de esta tierra de garbanzos. Por qué. ¿Por qué no se declaran los móviles que muevan a cada parte contratante abandonando la estúpida manía de engañarse a sí mismos, considerando quesea es la forma más eficaz de engañar a los demás? Si el anterior alcalde de la ciudad aspira fervientemente la reconquista del estrado municipal, debe dirigirse públicamente a todo el personal para aclarar cuales son los fundamentos legales que le abonan y dejarse de cenas, de desayunos, de ruedas de molino o de delegación de objetivos en manos y en boca de subalternos escasamente dotados. Don Mario Amilivia dígase lo que se quiera en aras a la ayuda a cada señor, fue un buen alcalde; es un hombre honesto y sus ambiciones políticas que son perfectamente lícitas no producen perjuicios sociales. Don Francisco Fernández, ocupante con pleno derecho al puesto de regidor de la ciudad y sus islotes perejileros, se adelante para subrayar que su programa se mantiene en el interés de la ciudad y en la plena satisfacción de aquellos servicios que mejor convengan. Y Don Paco Fernández es hombre honrado. Y dice y hace lo que siente. Y si no cede ante las acechanzas que pudiera entenderle para despojarle de su función, es por que realmente considera que lo que puede hacer al frente de la Corporación es precisamente lo que conviene en esta hora de cambios y reajustes. Y como tercero en la discordia aparece la conjunción de los numerosos leonesistas que pugnan por conseguir la independencia de la provincia, nunca se sabe con que fundamentos reales, del Valladolid que les sojuzga y les impide crecer y multiplicarse. Y nadie por supuesto puede acusar a sus dirigentes de provocar disensiones o confusionamientos guiados o más bien guiados por ambiciones espúreas, porque también Don José María Rodríguez de Francisco con los doce de los suyos, que ya no lo son tanto, pertenecen a la nómina de los hombres honrados. Y si embargo, la paz esquiva todo intento de encontrar la vía de entendimiento definitivo que León manda. ¿Quién impide el necesario entendimiento de las partes, de todas las partes, para alcanzar la tierra prometida? Inevitablemente se nos viene a la memoria la muerte de Yacer Arafat, símbolo de la lucha por la conquista de la nación Palestina y al que sin embargo culpan de ser el mayor obstáculo para encontrar la paz de los valientes. ¿Quién puede ser el Yaser Arafat de nuestras desdichas elecciones municipales? Convendría aclarar este dato importante por aquello de separar la paja del grano. León demanda, exige, una política municipal clara y decente , sin arbitrismos ni invenciones. Y si para lograrlo hemos de suprimir de nuestros cuadros de mando aquellos elementos que por su ineptitud o por su espíritu retorcido impiden que esta conquista sea lograda tendremos que tomar otras medidas, aunque nos duela.