Diario de León
Pedro García Trapiello

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LA LOTERÍA, sólo la lotería (o el pelotazo, que es igual), es la única fe cierta y ciega que tenemos. Todo lo demás es, como mucho, probable. Los premios de la lotería existen, se tocan, aunque toquen siempre a otros, pero existen. Y risa como esa risa que le entra al que le toca no hay otra ninguna. Aquí cree en la lotería tódiós y jugamos tan religiosamente, que sorprende el total parecido entre el acto de confesión y el de comprar un décimo. En ambos casos se habla con quien absuelve los pecados o bautiza la suerte a través de una pared con agujeros, una ventanilla perforada, celosía o algo así, poniendo voz de ruego: deme uno que acabe en cero; y el lotero le dispensa la papela como dándosela bajo cuerda por la ranura de la mampara blindada mientras pronuncia las rituales palabras del sacramento de la fe en la lotería: ego te absolvo a ruinan tuam, o sea, que haya suerte... Y después de ver que tódiós compra lotería, viene tocristo a sumarse al vicio y ya no queda nadie en este país, absolutamente nadie, que no se columpie en el vicio, salvo el diablo que todo lo enreda personándose en cada sorteo para confundir deseos y maldades (porque el diablo existe; lo dice Rajoy y lo confirma Michavila). Congregaciones religiosas, sindicatos, empresas, clubs de capagrillos, cofradías, partidos, untamientos y lupanares son adictos al taco de lotería y te acaban metiendo las participaciones por los ojales. Bonita fe la de sor Angelines poniéndole una vela a Dios y perejil a san Pancracio, bonita fe. ¿Y la fe en la clase obrera de ese radical sindicalista que sueña en secreto su pelotazo burgués con un ahíoslasdentodas si me cae?... Anteanoche rezó las cuatro esquinitas y un «santa Lotería que en el cielo estás escrita». Pero no nos tocó. Nuestra poderosa fe dio en hueso y la fortuna pasó de largo, aunque compraremos más y habrá más novenas a san Feliz del Gordo y a santa Boleta del Niño Jesús, patronos del becerro del oro con permiso de la divina potestad, que tiene prohibidas estas idolatrías y las velas que sor Angelines le puso días atrás a no sé qué Virgen de su lugar rogando para que tocara un catapún en el covento o a su familia en el pueblo, ya ves. Es igual. Al final los únicos a quienes toca es a los bancos. Allí acaba el premio del facha y del rojo, del vicioso y del meapilas. La banca gana. Así fue siempre. Amén.

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