La gran ola que alcanzó a España
Corría el año 1755 cuando cientos de personas que se encontraban en las inmediaciones de la costa atlántica, tanto en España como en Portugal, debieron de quedarse perplejas al observar cómo el mar se retiraba unas decenas de metros, como si se lo tragara la tierra. Pero la perplejidad debió convertirse rápidamente en horror cuando apareciendo del lejano borde del mar comenzaron a observar un auténtico muro de agua salada que avanzaba a toda velocidad hacia ellos. A los pocos minutos la desolación era total, cientos de muertos engullidos por el mar y todo lo que había en las proximidades de la costa había quedado devastado. Dos siglos y medio más tarde, a finales del siglo pasado, los científicos pudieron reconstruir la ola que alcanzó la península Ibérica. El Laboratorio de Detección y Geofísica realizó un estudio para el GITEC (Génesis e Impacto de los Tsunamis en las Costas Europeas) en un programa en el que participaban España, Grecia, Noruega, Portugal, Francia e Italia. Los científicos recogieron las descripciones de las olas gigantes de las que se tenía noticia y realizaron diversos modelos de simulación por ordenador. Además, pusieron a punto una serie de sismógrafos en Tahití, Chile, Indonesia y Portugal. Las señales fueron analizadas por una central que localiza el epicentro de los seísmos y calcula su potencia. El ordenador utiliza las simulaciones para determinar la deformación de la superficie del océano y calcular su evolución. La comparación con los efectos de otras olas gigantes permite valorar y prevenir posibles daños así como proteger los lugares más propensos a verse afectados por los tsunamis. También en Europa Si bien es verdad que estos fenómenos son más comunes en las costas del Pacífico, donde el océano es más profundo, nuestro continente también se ha visto afectado por ellos en los últimos años. El 16 de octubre de 1979 una ola gigante asoló en pocos segundos Niza y Antibes, en la Costa Azul francesa, causando la muerte de 11 personas. Unos meses antes otro tsunami había alcanzado la costa yugoslava. La ola que alcanzó la Península Ibérica a mediados del siglo XVIII se originó a consecuencia de un movimiento telúrico en el fondo del mar en el Cabo San Vicente, al sur de Portugal. A la media hora había llegado a Lisboa, donde primero provocó un gran vaciado del agua del puerto, lo que hizo que decenas de curiosos se acercaran a ver qué pasaba, lo que les costó la vida. Unos minutos más tarde arrasó las costas de Huelva y Cádiz. Cuatro horas más tarde Francia y Gran Bretaña.