Cosas de aquí y de allá | El Julio Verne del siglo XXI
En busca del centro terrestre
El geofísico neozelandes David J. Stevenson planea perforar la Tierra para alcanzar su núcleo, en una operación para la que necesitaría hierro fundido equivalente a diez torres Eiffel
David J. Stevenson presentó su proyecto ayer en el Museo de la Ciencia Cosmocaixa de Barcelona
?l geofísico neozelandés David J. Stevenson, al que algunos colegas han bautizado como el Julio Verne del siglo XXI, proyecta perforar la Tierra para llegar al centro del globo terráqueo donde, según defiende, «encontraremos el origen de nuestro planeta y podremos comprender y predecir los terremotos». Stevenson, que ha viajado a Barcelona para explicar su proyecto en el Museo de la Ciencia Cosmocaixa, reconoce que el proyecto «es tecnológicamente viable» aunque «muy complicado de llevar a cabo», por los enormes costes que conllevaría (unos diez billones de dólares) y por la dificultad de convencer de su viabilidad a la comunidad científica. Tras dedicar buena parte de su vida a la exploración de los planetas, Stevenson ya no mira al cielo, sino a sus pies, en busca de los orígenes de la Tierra. ¿Como se puede acceder al núcleo terrestre? En la península de Kola (Rusia), los soviéticos iniciaron en la década de los ochenta un proceso de excavación tradicional que les mantuvo escarbando durante 19 años, y en todo este tiempo sólo consiguieron perforar diez kilómetros. «Cuanto más perforas, más difícil es continuar, hasta que el sistema se vuelve completamente inviable, porque la densidad y dureza del material es cada vez más fuerte», ha explicado Stevenson, cuyo sistema para adentrarse en las profundidades se aleja mucho al de excavar con una pala. Su idea es abrir una gran ranura en algún punto de la Tierra, de un kilómetro de profundidad, y llenarlo de un material más denso que la roca, como el hierro líquido. Gracias a su peso y a la fuerza de la gravedad, el material se abriría paso el solo y, con él, la sonda que proporcionaría la información. «Podemos imaginar la sonda como una barca que navega en un río, el hierro abre un gran valle y la sonda fluye por él a la velocidad de un corredor humano hasta llegar al núcleo en sólo una semana», ha dicho. Stevenson prevé que la sonda, de una aleación especial que pueda viajar por el hierro fundido, «no sobreviva más de una semana, tiempo suficiente para poder enviar información por vía acústica», el mismo sistema con el que viajan las ondas sísmicas. «Necesitaríamos una cantidad de hierro líquido como mínimo equivalente a diez torres Eiffel fundidas», ha asegurado el geofísico neozelandés, una porción «mínima» en comparación a la cantidad diaria de este material que producen las siderúrgicas. «Si viajamos hasta el núcleo y lo analizamos, podremos reproducir las condiciones de la formación de la Tierra, hace 4.500 millones de años». Stevenson también ideó este proyecto para entender mejor los movimientos sísmicos y conseguir una mayor capacidad de predicción».