El paisanaje
El abanderado, lencería UPL
HAY QUE ver el trajín que se traen en el Ayuntamiento de León con lo de izar y arriar la bandera de la provincia instalada, hará ahora dos años, frente al rectorado de la Universidad en una de tantas calenturas que le dan a menudo al concejal Rodríguez de Francisco. Ahora van a trasladarla a otra esquina, unos veinte metros más allá, porque dicen que el mástil constituye una «barrera urbanística» para las sillas de ruedas de los minusválidos y el bastón de a pie del ciego de la Once. Aparte de ser mentira es una chorrada. Tanto ponerlo como quitarlo, como volverlo a reponer. Para los que no guardan memoria de la primera polémica sobre el tema, allá por marzo del año pasado, recuérdese que el teniente de alcalde De Francisco, entonces líder de la UPL, ahora expulsado del partido y concejal «no adscrito» -mejor sería decir que adscrito a sí mismo- ordenó montar una peana de las de no te menees frente a la ventana del despacho del rector Ángel Penas para pasarle la bandera por los morros cada vez que abriera la persiana, visto que el segundo se negaba a colgarla del balcón junto a la de España, la de la Junta, la de la propia Universidad, la de la Unión Europea y ya no recuerda uno si también la del Real Madrid. Se pusieron ambos muy cabezones, hasta el punto de que De Francisco, a la sazón delegado del servicio municipal de limpieza, ordenó no retirar la basura del campus y de las facultades universitarias durante tres semanas, mientras que Penas se limitó a taparse la nariz. Aquello fue de juzgado de guardia, con todo el recinto universitario apestado de porquería y sin que se dignara a aparecer la Guardia Civil, que no vea usted las multas que pone por tirar una colilla desde la ventana del coche. Estos días ha vuelto a replantearse el conflicto, pero al revés: los que han puesto el grito en el cielo por el traslado de la dichosa banderica son los ex camaradas de De Francisco, que ahora mandan en la deriva de la UPL sin rumbo, mientras que él lo entiende como «algo normal para resolver las quejas de los ciudadanos». En cuanto a los demás, el alcalde Amilivia se encoge de hombros, el exalcalde socialista Francisco Fernández ha declarado que el aire de la bandera se la sopla, total para que cambiar, y el rector no dice ni pío, aunque sea biólogo. No debe de haber asuntos más serios que resolver en el Ayuntamiento leonés para que los leonesistas se enzarcen en estas payasadas. Es más, bastante tienen con lo suyo, las luchas internas sin resolver y cómo no naugrafar en las próximas elecciones. Si lo que quieren es agarrarse a cualquier tabla salvavidas deberían saber ya que el palo de la bandera flota mal en el Bernesga, más que nada porque trae poca agua. Aunque son tan mataos que puede llevárselos por delante el reguerico de siempre. Lo único que hace el susodicho palo es enredar de una orilla a otra -de la del PP a la del PSOE, también según venga la corriente- y que se acumule la mierda en el río, digo el Ayuntamiento. Ahora bien, si lo que se pretende es distraer al personal de temas cotidianos, aunque no menores, como la propia deuda municipal (veintitantos mil millones de las viejas pesetas, nada menos), de los impagos a los proveedores, de los escandalosos enchufes en los empleos públicos o de cómo no explicar los pactos en Caja España, hay que decir que tampoco aciertan. Han elegido mal el momento porque, para bobadas, de lo único que se hablaba esta Semana Santa era de los preparativos para hacer desfilar nada menos que a 14.000 papones. Hasta al más tonto se le hubiera ocurrido que para captar la atención de los votantes lo natural sería que llevaran todos la bandera en lo más alto del capirote. Tipical spannish. Sobre la bandera leonesa y dónde pueda ser vista con mejor perspectiva, uno, que es de La Bañeza, tierra de muchos pendones, opina que la cuestión no debe tomarse a coña, aunque sí con cierta flema británica. O cazurra. ¿Que alguien quiere interiorizar el trapo? Pues se la pone en los calzonzillos y, si gana la Cultural, los enseña y, si pierde, se los baja, también a la inglesa. Total a la UPL ya se la ha visto todo lo que había que ver. Es más, incluso se podría mejorar el estilo de los hoolligans promocionando en al área de penalti a base de preservativos con un León rampante, lo que no dejaría de ser de utilidad para los padres de la patria con sueldo oficial y de los otros padres con mozas casaderas que la estamos repoblando. Respecto al mástil, pueden ponérselo mayormente en el mismo sitio, por la parte de popa. Aunque con el espectáculo que están dando, a más de uno, sólo de pensar en las próximas elecciones, ya no le cabrá ni un piñón. De sobra sabe él dónde.