Diario de León
Publicado por
LUIS ARTIGUE
León

Creado:

Actualizado:

EL ARTE SUPERACTUAL parece una lengua culta y muerta en la que el pueblo no se expresa. O algo caro y excéntrico comprado con dinero ajeno que siempre una señora de la limpieza acaba tirando por error a la basura. Va tan deprisa este arte que el público no superespecializado hace tiempo que dejó de interesarse. Así las cosas, queda en torno a esa opción una élite vanguardista en la que se incluyen principalmente artistas supermodernos y asesores intentando hacer negocio con el dinero institucional para paliar la indiferencia del gran público. De hecho ahora en el arte lo que se lleva, lo superactual, lo que los coleccionistas privados no compran ni a tiros lo tenemos que pagar todos con nuestros impuestos porque en los museos «modernos», al contrario que en la democracia, mandan las minorías. Y es que, como quien pone una máquina de café en el polo norte, la Junta de Castilla y León va y nos coloca en León un museo de arte recién hecho. En él se centran en «lo joven». Nada de pintura ni de creadores ya canónicos, sólo lo que esté hoy de moda. Por supuesto no nos lo explican así, sino que nos venden la idoneidad de ese criterio -lo guay es el «arte último»- sin pensar en escuchar al público sino sólo en adoctrinarlo. Oh, resulta curioso que los políticos autonómicos se presten a este concepto de museo tan alejado de la gente, como ignorando el propósito institucional de acercar el arte al público y el público al arte. ¿Qué? ¿Arte para la gente pero sin la mayoría de la gente? ¿Quién tiene derecho a decir qué ha de estar en un museo si todo es tan nuevo que no sabemos si el tiempo lo confirmará o desechará? Llama la atención que los tótems del arte se creen muy progres, pero están promoviendo un elitismo cultural decadente que nos devuelve, por ejemplo, a la época de los zares rusos donde los trabajadores de a pie ni disfrutaban ni entendían el arte porque éste no pensaba en ellos sino sólo en la crítica, en otros artistas y en el zar. No olvidemos que en los museos de mejor criterio, aunque siempre hay cierto espacio para la innovación, tienen cabida las obras maestras intemporales; las que el tiempo ha confirmado como referentes de la trayectoria estética de una sociedad, o del devenir espiritual de la humanidad. Pero aquí dicen que no va a haber nada anterior a 1990; que van a experimentar. Por supuesto experimentan sin riesgo porque el dinero es público. ¿Qué derecho tienen ciertos sumos sacerdotes bien remunerados a imponer su minoritario criterio a la gente? Nos hablan de lo emergente y de lo joven, sí, ¿pero como rejuveneceremos dentro de unas décadas las obras de la colección del Musac para que sigan siendo superactuales? Vale, está de moda lo joven, pero el mundo es plural. Los jóvenes que estamos inmersos en el mundo de la cultura no tenemos porqué matar a nuestros padres figurados para reivindicarnos a nosotros mismos. Igualmente tenemos tanto que aprender, que no parece justo que en los museos y las academias aparezcamos los jóvenes aprendices de experimentadores, y no aquellos veteranos maestros consagrados con los que dialogamos, a los cuales admiramos aunque nuestro camino sea bien distinto, y sin los cuales nuestra labor creativa y nuestra existencia hubiera sido peor o, por lo menos, distinta. Por eso resulta inevitable pensar en voz alta que no debe haber un criterio que, a priori, elimine de un plumazo por ejemplo a Barjola, Chillida, Antonio López, Maruja Mallo, Remedios Varo, Lucio Muñoz, Picasso, y demás familia porque no son lo que ahora se entiende por «joven» y «nuevo». ¿Los espectadores que pensamos que lo artísticamente superactual no aguantará el paso del tiempo, no tenemos derecho a ver otra cosa en nuestro Musac? Ya que yo no soy juez y parte, permítanme una crítica desde la barrera: basta de imposiciones de parte de los ingenieros de lo estético que, con su poder y desde su clasismo, nos dictan qué nos ha de gustar. Volvamos en el arte público a la universalidad que educa, a la fascinación fascinante, a las sacudidas contagiosas, al talento reconocible, a la pasión, a la belleza... Merecemos un museo para el público y no sólo para expertos.

tracking