El Santo Padre sale del hospital llevado en Papamóvil hasta el Vaticano. Los médicos dijeron que tenía que haber estado más días.
Se asoma por la ventana de su estudio del Vaticano. Habían pasado tres días de su salida del hospital y mostró signos de debilidad.
Su estado de salud se agrava y la audiencia de los miércoles la hizo por videoconferencia. Al día siguiente ingresa en el hospital.
Es reingresado en el hospital y le practican una traqueotomía para que pueda respirar. Tres días después muestra en público su dolor.
Sale de nuevo del Policlínico Gemelli. Su segunda estancia fue más prolongada que la primera, pero el Papa debe seguir reposando.
El Papa, pese a su delicado estado de salud, se empeña en salir a la ventana para bendecir a los fieles. Su declive ya es notable.
Por primera vez a lo largo de su papado, Juan Pablo II no puede presidir el Vía Crucis. Tiene que seguirlo por televisión.
Sale a la ventana para saludar a los fieles y para acallar los rumores sobre su mala salud. Pero ofrece una imagen dramática.
Fue su última aparición en público desde sus estancias del Vaticano. Ofreció una imagen de impotencia y de dolor manifiesto.