Diario de León
Pedro García Trapiello

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ESTUVO el sábado en León dando su repetida y única conferencia un tipo al que conozco y con el que hace cinco años me pasé una jornada entera callejeando, comiendo, charlando y presentando después su charla, tras la cual fue llevado a Madrid para que le hiciera un rito de tránsito en su agonía final al adinerado constructor que fue presidente del Real Valladolid y que acabaría muriendo irremediablemente. El tipo que digo venía aureolado de místicas tibetanas. Me atrajo de él su circunstancia y su exotismo. Vestía túnica granate y naranja, pero calzaba unos zapatos muy caros. Me sorprendió esto de los zapatos. El tipo se presentaba como lama; su nombre, Thubten Wangchen. Cuando pasó la jornada, y después de calar su profundidad mística viendo que no entraba a mis preguntas sobre espiritualidad tibetana y otras teologías de altura, llegué a la conclusión de que no era un lama de verdad, un místico. Irritó esto al organizador de la conferencia que me acusaba de borde y descreído, pero una semana después me confirmó que, efectivamente, no era lama como tal, sino honorario, monje que dirigía la Casa del Tibet en Barcelona. Hacía quince años que no volvía a su tierra o sus lamasterios hindúes y le presentí comodón y encantado en su exilio dorado (y en sus zapatos), como con ganas de quedarse en este occidente materialista y cachondo. Su charla fue la consabida carraca de lamentaciones y denuncias por la horrible ocupación china del Tibet reivindicando recuperar patria y estado, batalla a la que se suman artistas guapos y mucho marketing internacional. Este supuesto lama (igual ahora ya lo es) vino a León a soltar su retahíla por tercera vez. Y lo hizo para inaugurar el ciclo de conferencias del Musac para perplejidad de propios y esgüevación de extraños. ¿Un lama en el Musac? Seguramente le están considerado en sí mismo arte contemporáneo y, además, emergente, sobre todo si exige el restablecimiento de un estado férreo y teocrático donde el jefe de estado es su Dalai Papa, donde las mujeres seguirán siendo sombra y criadas de acarreos, servidoras de te con grasa de yak y donde la estratificación social y jerárquica repugna a una mínima sensibilidad democrática. Pero como dicen que el Musac es catedral pontifical, le trajeron para la primera homilía. Eso ha sido.

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