Diario de León

El satélite europeo Envisat reveló el pasado día 15 que el choque se había producido

Un iceberg de 2.500 metros cuadrados colisiona con una península de hielo

El gigantesco glaciar seccionó cinco kilómetros a la lengua de hielo

Publicado por
R. Romar - redacción
León

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El vaticinio se ha cumplido con cuatro meses de retraso. En diciembre pasado, científicos norteamericanos, australianos y europeos se frotaban las manos ante el anuncio inminente de «uno de los mejores acontecimientos de demolición del planeta». A partir de ese momento, la Nasa y la Agencia Espacial Europea (ESA) orientaron sus satélites para poner los ojos en un pequeño punto de la Antártida en el que se iba a producir de forma inexorable el gran choque de titanes que se había pronosticado. En el combate, dos gigantes frente a frente. Por un lado, un iceberg a la deriva de 160 kilómetros de largo y 2.500 metros cuadrados de superficie; por otro, una península de hielo de sesenta kilómetros de longitud. Pero los dos colosos hurtaron sucesivamente el espectáculo a los curiosos y los investigadores empezaron a temer que sus predicciones podrían haber fallado. Hasta que el pasado día 15 una imagen tomada por el satélite europeo Envisat, y difundida días después, reveló que la colisión se había producido. El gigantesco glaciar B-15A, de una superficie equivalente a Luxemburgo, golpeó brutalmente a la lengua de hielo Drygalski, a la que mutiló cinco kilómetros de su superficie. El duelo fue un tanto desigual, ya que, según los primeros datos, la mole a la deriva apenas se ha visto alterada por el choque. Pero el choque de titanes podría no haber vivido más que su primer capítulo. «Probablemente los mapas de la Antártida necesitarán ser corregidos», advierte la Agencia Espacial Europea en su página web, en un presagio de que lo que queda por venir quizás pueda ser aún mucho más brutal. Los expertos aseguran que el iceberg aún no ha terminado su recorrido por la lengua Drygalski, por lo que en los próximos días o incluso semanas se sucederán nuevos embates. De momento, lo que se desconoce son las repercusiones que tendrá esta voluminosa colisión, ya que tanto podría tener consecuencias positivas como negativas. Si, como todo apunta, el glaciar en su trayectoria fatal consigue salir del Estrecho de McMurdo y abrirse camino hacia mar abierto, el paso quedaría desbloqueado. La mole de hielo, desde que en el 2003 se desgajó de su témpano madre, el B-15, mucho más grande y de un tamaño como la isla de Jamaica, ha bloqueado las corrientes oceánicas del estrecho y provocado una acumulación de hielo en el mar lo que obligaba a las comunidades de pingüinos a realizar un recorrido mucho mayor en dirección al mar en busca de alimento.

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