CRÉMER CONTRA CRÉMER
Galicia la varona
DON MANUEL HA DICTADO ya el decreto: Galicia debe disponerse a ejercer otra vez de seleccionadora de sus hombres principales, aquellos para los cuales está destinado el mando. No decimos el poder, porque éste equivale a gobernación. Y en España es más fácil mandar que gobernar. De ahí que la mayor parte de nuestros afamados estadistas, más bien limiten sus funciones el ejercicio del mando. En el lenguaje castrense las supremas jerarquías reciben la denominación de «mandos». Don Manuel Fraga Iribarne, hombre singular en la historiografía del país, asiduo a los territorios de caza, pesca y amores del viejo reino leonés, está dispuesto, según previsiones, a continuar ejerciendo el mando. Para lo cual, se ha tomado el tiempo de preparación del terreno en el cual, ha de sembrar la palabra. Ha dictado ya, con tiempo, la fecha y los plazos indispensables para conseguir el triunfo... Esta posición del viejo tigre de Galicia «La Varona» ha suscitado, como no podía ser de otra forma tratándose de un polemista tan radicalizado como el presidente de la terra nostra, una tormenta de retórica combativa. Y vientos encrespados sonaron o mejor se extendieron por todo el haz de la tierra hispana: Para los unos, el caudillo galaico es un intransigente dominador de voluntades y no se le concibe ni por tanto se le entiende, si no es en actitud ejecutiva, mandando. En cambio, o como compensación, para un grupo leal la gran virtud de Fraga y del galleguismo peleón es precisamente su formidable disposición para defender sus convicciones. Y éstas, aparte los ejercicios soberanismo o de rendimiento del adversario cuando éste se resiste a enderezar el curso de su quehacer por las sendas de lo institucionalizado, nacen en los manantiales de un liberalismo ilustrado recogido en los libros. Porque lo que trastorna la línea política del gallego por antonomasia es la confrontación de sus saberes con los conocimientos también contrastados, de otros personajes, tan intransigentes como él, pero que todavía no han alcanzado el premio de ocupar las estancias más emblemáticas del mando. Lo que a mi parecer le sucede a este temperamental e ilustre hombre de Galicia «La Varona» es que, pese a las apariencias nunca se le concedió el gran favor de ocupar el cargo de capitán de la nave del estado, él, que según se aseguraba, tenía y tiene todo el estado en la cabeza. Así que se determinen las fechas del levantamiento de la veda, numerosas cuadrillas de cazadores se echarán al campo para ejercer su misión verdadera: ¿Conquistar el poder? No, sino evitar que el viejo león lo ocupe por cuarta o quinta vez. Y a los que dirigimos los catalejos náuticos hacia esas agresivas aguas gallegas, nos parece una ocasión, quizá única, para que desde los laboratorios políticos se examine y se descubra la verdadera patología del mal de España. ¿Qué por qué nos interesamos tanto los leoneses por los acontecimientos que suceden en la rúa gallega? Pues quizá por razones históricas. Recuérdese que Galicia formó parte de la composición del reino galaico-leonés; no olvidemos que el infatigable presidente es leonés por razones de amor y de costumbre; ni debemos rechazar la realidad geográfica que nos une por donde más gloriosamente figuramos, la dulce tierra berciana.