Diario de León
Publicado por
Antonio Núñez
León

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El HOSTAL de San Marcos es un hotel de cinco estrellas famoso por acoger a gente importante, entre otros a la tira de ministros. También es un establecimiento liberal. Hace veinte años, por ejemplo, se hospedaba allí los fines de semana un calvo del Ministerio de Economía con una moza que era un punto filipino y que anunciaba por la tele porcelanas de cuarto de baño. Alfonso Guerra, para el que lo más progresista en fontanería seguía siendo el botijo, se refería a ella como la china . Años después recalaba también otro colega de ministerio y de alopecia, aunque no de partido, que ahora manda un huevo en cierto banco mundial. Son cosas que trascienden poco, sobretodo si los ministros y las bellas durmientes mandan poner en la puerta el famoso cartel de no molesten que significa «not disturb» allá abajo por Marbella. Los pobres, en cambio, como ninguno llegamos más lejos de Cudillero aunque sea para lo mismo, siempre acabamos dando el cante al coincidir en la calle con las novias -la de la cuesta arriba, no hay otra- como un solo hombre. En las elecciones gallegas de hoy las encuestas divagan sobre si Fraga, otro cliente habitual de San Marcos, además de fundador, pueda alcanzar o no la mayoría absoluta. Los sondeos de opinión suelen acertar raramente en España y sería más raro aún que lo hicieran en Galicia, donde es fama que de un paisano en la escalera nunca se sabe si sube o baja. Preguntado al respecto don Manoliño, dijo el otro día que la fiabilidad de las citadas encuestas era la misma que si se preguntara a las mujeres con cuántos se han acostado y según y cómo, porque o no saben o no contestan o las dos cosas a la vez, lo cual ha sentado muy mal. Puede que sí o puede que no, pero, aunque fuera verdad, es políticamente incorrecto, así que al anciano político gallego se le han echado todos y todas encima por machista. «A buenas horas», habrá reflexionado luego él. Recuerda uno de cuando ganó el PSOE las elecciones de 1982 un eslogan que coreaban las mozas y que decía textualmente «Felipe, capullo, queremos un hijo tuyo» sin que nadie se escandalizara, menos quien esto escribe, que no se jalaba una rosca. Por las mismas y en parecidas fechas se añadía que hacerlo con Fraga era como «joder con braga», así como suena. Como dirían los clásicos y el conserje de San Marcos, pongamos las cosas en su sitio, pero no donde estaban. A don Manuel, que ya no está precisamente en edad de merecer, se le conocen no pocos devaneos en el emblemático hotel leonés. Que servidor sepa, por lo menos cuatro: uno, cuando hacía el ridículo entrando con una almohada bajo el brazo porque con otra que no fuera la de casa no podía conciliar el sueño; dos, cuando se descalzaba las botas después de un día de pesca y pedía la llave de la habitación en calcetines; tres, una vez que se confundió al apretar el botón del ascensor y quedó atrapado en el sótano, justo donde estaba la discoteca «Galaxia»; y, cuatro, cuando en vez de tocar el timbre de alarma para que lo rescataran se puso como loco a dar patadas y puñetazos a la puerta. Los empleados más veteranos del San Marcos son testigos y no nos dejarán por mentirosos. Y, si no es verdad, está bien contado. Son, en todo caso, ocurrencias de Fraga, al que no se le conoce más novia que la bomba atómica americana junto a la que se retrató de calzón corto en una playa de Palomares allá por los sesenta cuando era difícil que Franco reventara. Luego le pusieron un bombín de embajador en Londres sin que tampoco le explotara la cabeza, donde, según se decía por la época, «cabía el Estado», pero se vio enseguida que el Reino Unido no. Así que incluso sus enemigos deberían perdonarle lo de las mujeres encuestadas, porque, en lo que a él respecta, toda la fuerza se le va por la boca. Eso nos suele pasar a bastantes. Aunque, pensándolo bien, es de lo poco que ha aliviado algo la campaña electoral gallega, saturada hasta el aburrimiento, como todas, de promesas y compromisos que no se cumplen, insultos e insinuaciones de enredabailes, ministras de cuota y estraños compañeros de cama. Por menos de eso se acaba a palos en muchas romerías sin necesidad de mentar a la novia. Le han sacado también a Fraga, muy a última hora, un vídeo de televisión, previo a una entrevista, en el que cuando van a maquillarle y arreglarle la corbata dice que se dejen de chorradas, de tocarle los esos y que vayan al grano. Ya es tener mala leche, pero por ambas partes. Y también debe perdonarsele que, aún siendo el gallego de tierra de capones (Villalba) no tenga el talante del pollo Zapatero, que, como es de aquí, traga por todo. No obstante Rajoy debería cortarles la biagra a los dos.

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