El Pontífice ve razonable la separación entre los dos poderes, pero sin olvidar la raíz cristiana
El Papa admite la legitimidad de un «sano laicismo del Estado»
Benedicto XVI se reunió con el presidente de Italia en su primera visita oficial al extranjero
Sin haber salido de la ciudad de Roma, el Papa Benedicto XVI realizó ayer su primer viaje al extranjero al visitar oficialmente Italia, donde defendió la legitimidad del laicismo del Estado. En una calurosísima mañana, el Pontífice recorrió los pocos kilómetros que separan el Vaticano del palacio del Quirinal en un Mercedes descubierto y escoltado por una guardia de honor de doce coraceros a caballo. Numeroso público, entre romanos y turistas, siguieron con emoción el recorrido del séquito en una ciudad con el tráfico colapsado. Los primeros saludos A su salida del Vaticano, Benedicto XVI fue recibido por el ministro de Exteriores, Gianfranco Fini, quien lo acompañó hasta el palacio presidencial no sin antes detenerse en plaza Venecia para saludar al alcalde de Roma quien le dio la bienvenida a la ciudad. Ya en el palacio del Quirinal, el presidente Carlo Azeglio Ciampi estrechó calurosamente la mano de Benedicto XVI en el Patio de Honor, donde se le prestaron honores militares según el protocolo establecido. Tras la visita a las salas del museo del palacio y saludar a las autoridades, el Pontífice protagonizó la anécdota del día. A causa el tórrido calor, Benedicto XVI pidió un vaso de agua y, tras beberlo, se secó el sudor del rostro con un pañuelo. La visita se cerró con un coloquio privado entre el Papa y el presidente italiano. El Santo Padre calificó como legitimo un sano laicismo del Estado, «mientras no se olviden las raíces cristianas de Europa», al tiempo que insistió en la tutela de la familia basada en el matrimonio, en la defensa de la vida humana desde la concepción hasta su final y en el papel de la escuela. El tema del laicismo, en un país fuertemente influenciado por la presencia histórica del papado, que incluía hasta 1984 el pago de un salario para los sacerdotes, suele ser abordado con diplomacia. En clara alusión al reciente referéndum sobre la procreación asistida celebrado en Italia, también reivindicó para la iglesia católica el derecho y el deber de exhortar al pueblo italiano. Por su parte, el presidente italiano coincidió con el pontífice en una defensa «con orgullo» del laicismo. «Es de recíproca utilidad para Iglesia y Estado delimitar sus respectivos ámbitos», señaló. «Es legítimo un sano laicismo del Estado en virtud del cual las realidades temporales se rijan según sus propias normas, sin excluir las referencias éticas que encuentran sus cimientos en la religión BENEDICTO XVI Papa