LITURGIA DOMINICAL
La mejor lección de Don Quijote
«PRECIATE más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio». En un año en que todos citan a Don Quijote, nadie recuerda este consejo que el hidalgo ofrece a su escudero. La maldad se exalta, se justifica y se trata de imponer como norma social. La virtud se ridiculiza como si fuera mojigatería. La humildad se identifica con la poquedad de espíritu. A ese estilo de vida se contrapone la regla de San Benito, en la que se expone la escala de la humildad. Nada menos que doce peldaños la componen. El primero es el temor de Dios y el recuerdo de todo lo que Él ha mandado. Los que han llegado al último escalón no sólo son humildes en su interior sino que se muestran así en su porte exterior, como si se encontraran ante el juicio de Dios.En medio de esos dos polos se encuentran las actitudes morales de quien abraza la modestia y la paciencia, el recato y el silencio, la aceptación de sí mismo y la elección de lo bajo e insignificante. El yugo y el descanso Un amigo suele repetir: «La virtud de la que más orgulloso estoy es mi humildad». Evidentemente bromea. No se puede presumir de nada, pero menos aún de la propia humildad. No es humildad ir como un derrotado por la vida. Tampoco lo es adoptar una pose estudiada para ganar simpatías. Si la humildad fuera hipocresía dejaría de ser virtud. La humildad nace de la verdad. Quien la abandona se engaña a sí mismo o trata de engañar a los demás. Para el cristiano, la humildad remite siempre a Jesús. En el evangelio de hoy se recoge una exhortación suya que es revelación de su mismo ser». «Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso» (Mt 11,29). Ese estilo de Jesús revela su honda verdad y su misión. Así era él. Y para eso había venido a este mundo. Pero ese estilo de vida no lo entienden «los sabios y entendidos» que ponen su ideal en el poder y la altanería. Lo aceptan y lo viven cada día todos esos a los que el Evangelio califica como «la gente sencilla» Libertad y paz No podemos olvidar que estas expresiones de Jesús están situadas en el marco de una oración. Ante el Dios de la verdad se revela la honda verdad de su Hijo. Y la verdad de todos los hijos de Dios. A ellos se dirige la exhortación del Maestro: ¿ «Aprended de mí». Un mensaje para cada uno de nosotros. A lo largo de la vida vamos aprendiendo de nuestra experiencia, de los modelos que encontramos en el hogar, de las lecciones que nos dan o de las consignas que repite la propaganda. Pero aprender de Jesús nos ayuda a ser como Él, a dar fe de la validez de su lecciones ¿ «Aprended de mí». Un mensaje para toda la Iglesia. Toda la comunidad cristiana ha de reconocer a Jesús como Maestro de vida. Ante la esplendor de su doctrina palidecen las opiniones que se nos ofrecen como verdades. «La verdad del Señor permanece para siempre». Esa verdad que se resume en su humildad. Y en la nuestra. -Señor Jesús, manso y humilde de corazón, enséñanos el camino que nos lleva a la libertad interior y a la paz del espíritu. Amén.