Diario de León

Aunque el convenio CITES prohíbe desde 1989 la caza furtiva, el comercio sigue en aumento

Denuncian el tráfico ilegal de marfil en numerosos países africanos

Mozambique, Sudán y Egipto figuran entre los países que incumplen la normativa

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T. Fernández - león
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Durante el siglo pasado, la caza furtiva de elefantes alcanzó tal proporción que redujo su población de 1,2 millones a 600.000, lo que llevó en 1989 a su prohibición por parte de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES). Aunque en octubre del año 2004, más de una treintena de países africanos se comprometieron a poner en marcha un plan para erradicar el tráfico ilegal de marfil, el comercio continúa y la cantidad presente en los mercados muestra claramente que su procedencia es ilegal. Así lo han denunciado las organizaciones conservacionistas Traffic y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) que han pedido a CITES la adopción de medidas para conservar al elefante africano ya que cada año los tallistas de marfil utilizan los colmillos de entre 4.000 y 12.000 paquidermos. Además, han pedido la suspensión del comercio de flora y fauna de especies incluidas en CITES, con destino o procedentes de Mozambique, tras haber comprobado la existencia en el aeropuerto de Maputo, su capital, más de 500 productos de marfil. La denuncia se ha extendido también a Egipto, un país que aunque carece de poblaciones autóctonas de elefantes, representa una seria amenaza para los esfuerzos de conservación de la especie ya que en los últimos meses se contabilizaron 10.000 artículos de marfil procedentes en su gran mayoría de Sudán. En contrapartida, han destacado el esfuerzo de Etiopía por cumplir la ley, tanto en las fronteras como en los mercados, ya que encontraron menos de un centenar de obj etos de marfil a la venta en cinco de las ochenta tiendas inspeccionadas, mientras que el año pasado la cifra superó los 3.000. Por su parte, la organización ecologista Care for the Wild International, ha denunciado la muerte de miles de elefantes, apuntando al ejército sudanés como principal culpable, tanto de las matanzas como del transporte de los colmillos hasta su capital, Jartum, donde las tiendas anuncian abiertamente la venta de marfil. Según han afirmado, sólo el pasado mes de febrero encontraron más de 11.000 piezas en unas 50 tiendas, cuyo destino es el mercado chino. Especie amenazada Según la Unión Mundial para la Naturaleza, el elefante es una especie en peligro de extinción incluida en el Apéndice I del Convenio CITES, por lo que su caza está prohibida, excepto para las poblaciones de Botswana, Namibia y Zimbabwe, países a los que se ha autorizado el comercio legal (Apéndice II, vulnerables) porque su incremento ocasionó grandes pérdidas para la agricultura y aumentó los conflictos con las poblaciones locales. La caza furtiva y la pérdida de hábitats son sus principales amenazas. Sus colmillos se usan en joyería, artesanía, teclas para piano o sellos personalizados para la firma (en Japón). Según el Fondo Internacional para el Bienestar de los Animales, la población de ejemplares en el Parque Nacional de Garamba, al noroeste de la República Democrática del Congo, en la frontera con Sudán, se ha reducido de 11.000 a 1.400 entre los años 1995 y 2003. El elefante africano es el animal terrestre más grande del planeta y vive en pequeñas manadas matriarcales de 10 a 15 individuos. Los machos alcanzan hasta tres metros de altura y unos 6.000 kilos de peso, mientras que las hembras son algo más pequeñas. Tanto unos como otros tienen colmillos, que utilizan para coger alimento y transportarlo y como arma.

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