Diario de León
Pedro García Trapiello

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EL BOTELLÓN de agua hace agosto en Benavente; se forra el embotellador porque las cañerías del sitio escupen ponzoña y el corregimiento dijo que no se beba de la traída porque «trae». Los niveles del río donde se capta la reguerada para que beba esa ciudad vienen inusualmente bajos y la concentración de mierda es tal, que salía por el grifo con índices de espanto y cagalera. Quietos hasta ver. O hasta no ver lo que está concentrado en el suministro de la que dicen «agua potable». Eso es lo que dijeron, que los niveles de concentración son demasiado elevados y peligrosos para el consumo humano. Lo que nada en ese agua es resto de pesticida, insecticida, fungicida y mierda agraria o residual que navega por el sistema del Órbigo. Y lo que ahora se pregunta el ciudadano es que, si cortan el agua estos días porque la porquería química es mucha para beberla de golpe, ¿qué ocurre cuando el veneno está tolerablemente diluído y se lo beben poco a poco?... Estiajes como el que se padece este año están delatando las primeras consecuencias graves de cincuenta años usando y abusando en nuestros campos de química agraria, fosfatos, venenos y abrasivos. Es un problema nuevo. Antes, con cucho y cagajón, estiércol puro, nunca llegaba la mierda al río, que ahora es sangre de algo que se muere. La saturación se constata. Cuando corre la riada se disimula. ¿Y ahora qué?... Todo lo que en el campo se echa, por muy alta que sea la montaña, acaba siempre en los bajos del paisaje, que es por donde corre el agua y llegan las lluvias con sus arrastres lavando esa mierda que ahí echamos -qué cretinos- para bebérnosla después. Diluída, eso sí. Hasta que llega un ayuntamiento a decirnos que a lo peor algunos días está poco diluída y que acopiemos en el super botellones de algo que es agua y cuesta ya tanto como la gasolina. Llegado el caso me empecino en mis conclusiones y me repito: Dios existe, pero es el agua. Y el que se caga en el agua se está cagando en Dios. El agua es sagrada y nos meamos en su misterio, que es la vida, pues nada hay que exista si no es gracias al agua. Y al que se cague en el agua hay que colgarle de las pelotas, que las debe tener -y de plomo- para perpetrar crimen tan gordo. ¿Qué hacer cuando uno ya no se puede fiar ni del agua que corre?

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