Diario de León
Publicado por
JOSÉ ROMÁN FLECHA ANDRÉS
León

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LA REVISTA italiana «Aggiornamenti sociali» acaba de publicar un estudio sobre la muerte de Juan Pablo II como fenómeno colectivo global. Para Chiara Giaccardi y Mauro Magatto, profesores de sociología que firman el trabajo, se produjo una especie de explosión de «energía social» originada por la acción simultánea de diversas fuerzas. Entre otras, mencionan ellos el redescubrimiento de la religión como respuesta a las preguntas más profundas del hombre, la potencia del rito como fenómeno colectivo de identidad, el modo en que el Papa vivió la experiencia del sufrimiento, el carisma personal de Wojtyla y su especial relación con los medios de comunicación, la fuerza activadora de la comunicación mediática, la capacidad de la Iglesia católica para garantizar la estabilidad de las organizaciones y el enraizamiento en la tradición y, finalmente, la universalidad del mensaje cristiano. Evidentemente, en el hecho concreto que hemos presenciado no todo significa lo mismo y se pueden percibir ambivalencias y ambigüedades. El evangelio de hoy no nos habla todavía del Papa. Nos habla de unos discípulos, bastante turbados, a los que Jesús pregunta qué dicen las gentes y que piensan ellos sobre Él (Mt 16, 13-20). Ante la respuesta de Pedro, Jesús le dice: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará». La promesa de las llaves y el poder de atar y desatar que Jesús le confiere significan una potestad que sólo de Dios puede proceder. Esas palabras de Jesús no hace que un papa sea más o menos «mediático» o simpático. Pero encierran un misterio que no se puede ignorar ni ridiculizar tan fácilmente. Un hombre, un creyente, es elegido -de una forma o de otra- para ejercer ante sus hermanos un servicio que supone la entrega de una vida a una misión de caridad. La misión de mantenerlos unidos, de recordarles la presencia de Jesús, de recordarles la misión a la que han sido llamados y de suscitar en ellos la esperanza. Pregunta y respuesta Pero las promesas hechas a Pedro siguen a una confesión de fe que sólo él ha llegado a proclamar: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». He ahí la clave de su vocación y de su ministerio. ¿ Todo cristiano, desde el más sencillo al más instruido, ha recibido la luz para reconocer a Jesús como el Hijo enviado por Dios para salvar y guiar a todos sus hijos, dispersos por el mundo. Es su vida. ¿ La Iglesia entera, en medio de un mundo que pretende olvidar toda referencia sobrenatural, ha de proclamar con humildad y convicción que Jesús es más que un sabio o un guía. Es el Hijo de Dios. Su verdad. ¿ Muchos no cristianos, frente a los que reniegan de serlo, han descubierto el Mesianismo de Jesús y lo han reconocido como Señor de su existencia. Él puede ser su camino para siempre. - Señor Jesús, a lo largo de la vida nos preguntamos siempre quién eres tú y quién eres para nosotros. De la respuesta a esa pregunta tuya depende la orientación que tome nuestra vida. Danos luz para acertar con la respuesta y coherencia para llevarla a la vida. Amén.

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