El paisanaje
Bebe y conduce, pero paga
Y FUMA. Y ponle la larga esta noche al que viene de frente y cuéntaselo a la peña por el móvil sin soltar el volante, porque dentro de poco van a subir otra vez los impuestos sobre la gasolina, la luz, el tabaco y el alcohol para financiar los costes sanitarios de las autonomías. Es cuestión de cálculo: si te pilla la Guardia Civil en la carretera habrás pagado dos veces -la multa y las tasas especiales- pero si te pegas una leche y acabas en el hospital, con tal de no palmarla, seguro que lo amortizas. El Gobierno perjudica seriamente la salud, no sólo el humo del tabaco y los vapores del alcohol, que te pueden poner ciego. En cuanto al famoso eslogan de «si bebes no conduzcas», si siquiera te dejan la alternativa de quedar en casa, porque, entonces, enchufas la tele para no aburrirte y también te pasan un recargo en el recibo de Iberdrola. Y, cuando llegue el invierno, se te pondrán los ojos en blanco mientras Hacienda se pone morada con el plus del gasóleo de la calefacción. Y cuanto más dures más te va a cobrar el Estado, así que fuma como un carretero, bebe como un piojo, conduce como un campeón, a lo Fernando Alonso, y no pares para descansar ni siquiera a las tantas, porque eso supone encender la luz y te va a salir caro. En caso de urgencias, que las hay de tanto en tanto, aparca siempre frente a bares de carretera que tengan muchas luces de neón, las más baratas, donde nunca falta una señorita amable que te sirve una copa, te cobra lo que es justo y convenido por lo que ahora se llaman «servicios integrales al cliente» y, como mucho, pide un cigarro, nada de impuestos ni Iva. Ellas son así. Todavía queda gente honrada. Se acaba el verano y empiezan a abaratarse las naranjas, fruta de temporada que es todo lo contrario para el invierno que el tabaco (catarros y bronquitis) y menos cara que el gasóleo (calefacciones). En cada litro de gasolina o cajetilla de Winston dos tercios del precio se iban ya en impuestos especiales, cada cual que eche la cuenta, porque la gente suele ser más facilona de exprimir que las naranjas y para Hacienda tiene el triple de vitamina C, exáctamente CCC ( Cómo Cuadrar las Cuentas) . El Ministerio de Sanidad piensa autorizar a las autonomías a que suban unos céntimos de euro el precio de las gasolinas, más o menos un duro de los de antes, a mayores del farias, del orujo (otro 10%) y demás bebidas esprituosas. Como va para los hospitales se supone que es por nuestro bien. Y la medida es teóricamente impecable, según cierto amigo que gasta bata blanca para trabajar en una ITV para conductores, por otro nombre llamada UCI. «Vamos a ver», me dijo el otro día reanimándome los pálpitos del corazón, si bien donde dolía más era justo al lado, exactamente donde se ajusta la cartera, «tú vas al estanco y no toses, pasas el tiempo muerto en el bar y no infartas ni de penalti las pocas veces que marca Raúl y vienes ahora a que te hagamos un by-pass en la aorta porque te falta gasolina, cuando en los hospitales hace la tira que no hay quien aparque». Servidor sacó la conclusión, después de que le dieran el alta, de que los médicos están tan comprados por el Gobierno como los árbitros de antes por el Real Madrid. Todos los partidos están amañados, incluídos los partidos políticos, y, diga lo que diga la Fifa, la prueba es que las primeras subidas de la gasolina, el tabaco y el alcohol para financiar la sanidad -menos mal que no eran para arruinarla del todo- las propuso Pujol con el diagnóstico favorable de Aznar. Aplicaron el recargo varias comunidades del PP, incluída la de Madrid, y naturalmente los catalanes, que para eso inventaron la peseta en el siglo XIX. De aquella protestaron algunas autonomías del PSOE, pero ahora dicen que es asunto de Estado. Así que Zapatero se limita a aplicar la misma receta, sólo que doblando la dosis. Respecto a la relación entre el tabaco, el asma y el cáncer de pulmón o entre el whisky y la cirrosis, servidor guarda la misma prevención, salvando las distancias, que Humphrey Bogard allá en Casablanca. Por experiencia, más que nada, diga lo que diga el médico de cabecera. En lo que respecta a la gasolina es para lo único que nos ponemos de acuerdo, porque la factura de la calefacción y del coche puede ser de infarto el mes que viene. La nómina, la gasolina, el tabaco y el alcohol siempre han sido las tetas más jugosas para que las ordeñe el Estado. Aproximadamente dos tercios de lo que cuestan tan cotidianos productos van a parar a impuestos y el resto a publicidad institucional yfarisea para que dejes el vicio. De vez en cuando alguien hace caso al Gobierno y se le enciende una luz en el cerebro, pero eso tampoco vale ya. Y no para de subir la fiebre fiscal. ¿Qué me pasa, doctor?