A LA ÚLTIMA
Mucha prudencia
U SANDO DOS CUALIDADES cada vez más raras, la prudencia y la discreción, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero dice avanzar en el proceso que habrá de desembocar en el fin definitivo de la violencia etarra. Como se trata de dos cualidades raras, hay quienes las confunden con defectos, por ejemplo con el oscurantismo y la debilidad, pero quienes tal cosa confunden lo hacen, en realidad, adrede, pues lo que no quieren es que el Gobierno hable con nadie, ni dialogue con nadie, ni que, en consecuencia, agote cuantos recursos están de su mano para acabar de una santa vez con ese cáncer de la realidad española que tanta sangre y tanto sufrimiento inútil ha dejado y que tanto ha distorsionado nuestra vida política durante la restauración de la democracia. Pero el Gobierno tiene la obligación de arrebatar las armas a quienes las blanden contra sus ciudadanos, y para ello ha de rozar, cuando menos, la mano que se quiere desarmar. Tiene esa obligación por imperativo social y legitimidad, emanada de las urnas, para hacerlo, pero además cuenta con el refrendo del Congreso de los Diputados para establecer esas conversaciones que concluyan con la paz que la nación anhela. Sin embargo, ése no es el camino más fácil: de una parte, hablar es, en ocasiones, más complicado que usar la fuerza bruta, sobre todo para quienes no tienen en ello mucha práctica; y de otra, porque mientras en el lado de acá está bien perfilada la autoridad y el control social sobre ella, en el lado de allá eso no está tan claro, esto es, que hay que averiguar antes quién manda y acreditar su portavocía. Fácil no es, si fuera fácil ya se habría logrado hace tiempo seguramente, pero nada es imposible para la voluntad unánime de un pueblo si esa voluntad se encauza en una estrategia ciertamente razonable y no en la mera visceralidad. Afortunadamente, ETA no mata desde hace mucho, y por eso sabemos de su disposición a convenir el abandono de las armas. Poco más sabemos, es cierto. Acaso eso y que el camino todavía pendiente de recorrer no va a ser llano, ni grato, ni sencillo. Eso y que la prudencia y la discreción, esas dos cualidades raras, pueden ayudarnos mucho a recorrerlo.