Diario de León

Uno de los objetivos es conseguir la gratuidad de la enseñanza pública en los países en desarrollo

La escolarización paritaria reduce la incidencia de sida en un 40%

Save the Children denuncia que aún hay 58 millones de niñas que no tienen acceso a la educación

Una niña saharaui junto a la profesora haciendo unos problemas en la pizarra de la clase

Una niña saharaui junto a la profesora haciendo unos problemas en la pizarra de la clase

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Arantza Prádanos - madrid
León

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Escolariza a una niña y cambiarás su futuro, el de sus hijos y el de su país. La máxima es universal pero adquiere todo su significado en las naciones subdesarrolladas. La educación de la mujer es un arma tan poderosa de lucha contra la pobreza que cada año de escolarización de su población femenina hace descender dos puntos la probabilidad de mortalidad infantil. En el mundo hay 103 millones de pequeños en edad de primaria que no pisan un aula; de ellos, 58 millones son niñas. El informe anual de la organización Save the Children sobre el Estado mundial de las madres se detiene este año en la educación femenina como factor clave de desarrollo socioeconómico. Las niñas de hoy serán las madres del mañana, y la correlación entre su grado de escolarización y los índices de bienestar personal y colectivo en un país es incuestionable. Educar a las niñas «significa salvar muchas vidas infantiles», aseguró José Miguel Contreras, presidente de la sección española de la ong. Según indicadores internacionales, los hijos de madres sin formación corren dos veces más peligro de muerte o desnutrición que los nacidos de madres con educación secundaria o superior; en país pobre de tipo medio y una población de 20 millones de habitantes, cada año más de enseñanza escolar para la niñas supondría salvar la vida de al menos 60.000 niños menores de cinco años. Hasta el Sida retrocedería con la entrada masiva de las niñas en las escuelas del Tercer Mundo, porque allá donde la diferencia de alfabetización entre niños y niñas es menor de un 5%, «la incidencia de VIH baja un 40%», señala el informe. Las razones son obvias. La educación tiene un efecto multiplicador que se extiende a todos los órdenes de la vida. En los países pobres las niñas llegan pronto a la edad adulta; las escolarizadas llegan más sanas, retrasan entre 5 y 7 años la edad del matrimonio, su cuerpo se forma mejor y tienen partos menos problemáticos, acceden en mayor media a la planificación familiar, están más capacitadas para cuidar de su progenie y, en el caso del Sida, conocen mejor los riesgos y el modo de evitar la infección de madre a hijo. Más aun, una vez convertidas en madres, luchan por que sus hijos, niños y niñas, se eduquen mejor que ellas mismas, pasando así un testigo esperanzador a la siguiente generación. Inversión La educación de las niñas es «la mejor inversión para un país», recalcó Leire Pajín, secretaria de Estado de Cooperación Internacional, presente en el acto junto a la ministra de Educación, Mª Jesús San Segundo. Rompe el círculo vicioso de la pobreza y garantiza un avance seguro a aquellos estados que más invierten en la paridad educativa. Se estima que un aumento del 1% en la escolarización de niñas depara un crecimiento del PIB del 0,37%. A veces, la falta de medios materiales no es el motivo principal de la falta de alfabetización de las niñas. Los prejuicios y la discriminación religiosa y sociocultural también cuentan. Kenia, con un PIB doce veces inferior, presenta mejores expectativas de educación femenina que Arabia Saudí. Ayudados por la cooperación internacional y políticas de reducción de deuda vinculada a la educación -la escolarización total es uno de los Objetivos del Milenio-, Save the Children recomienda alentar la gratuidad de la enseñanza pública en los países en desarrollo; subvencionar la asistencia de las niñas y formar maestras para alentar su confianza en el medio escolar.

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