«Le gustaba ser distinto, era su manera de asegurarse que la gente hablara de él», cuenta la actriz Jane Withers.
James Dean, eternamente joven y rebelde, sigue vivo en la memoria de millones de admiradores que concluyen este 30 de septiembre un largo homenaje con motivo del cincuentenario de su muerte.
tenía 24 años cuando su Porsche Spyder 550, apodado «el pequeño bastardo», se estrelló a toda velocidad en el cruce entre las carreteras 41 y 46, a unos trescientos kilómetros al noroeste de Los Angeles.
Una fractura de cuello y múltiples heridas internas causaron la muerte a Dean el 30 de septiembre de 1955.
Era el comienzo de su estrellato con tan sólo tres películas de las que sólo llegó a ver estrenada la primera, Al este del Edén (1955).
Las otras dos que rodó hasta entonces, Rebelde sin causa (1955) y Gigante (1956), se estrenaron póstumamente, avivando el mito y convirtiendo lo que era el comienzo de una carrera prometedora en un mito.
A partir del día de su muerte la imagen de Dean como un chico de mirada incisiva, chaqueta de cuero y cabello cuidadosamente despeinado quedaría congelada para siempre.
A Hollywood le gustan los mitos, por lo que medio siglo después de aquella dramática muerte la figura de Dean es recordada y explotada incluso entre aquellos que nunca han visto sus filmes.