La nave rusa «Soyuz» alcanza la órbita terrestre y llegará mañana a la Estación Espacial Internacional
El tercer turista espacial inicia su viaje al espacio desde Kazajstán
El despegue fue controlado por responsables de las agencias rusa y estadounidense 1397124194

La tripulación de la cápsula «Soyuz TMA-7», antes iniciar el viaje
El multimillonario estadounidense Gregory Olsen, de 60 años de edad, inició ayer por fin el periplo con el que ha estado soñando durante lustros. Esta vez la salud no le ha jugado una mala pasada como sucedió hace un año, cuando se quedó en tierra por no superar el reconocimiento médico de rigor. Su fuerza de voluntad y espíritu de sacrificio le han permitido culminar con éxito 1.500 horas de duro entrenamiento y hacerse merecedor del asiento derecho de la nave Soyuz, el único que carece de mandos. Ha tenido que pagar además 20 millones de dólares por ese billete de ida y vuelta a las estrellas. El lanzamiento se produjo ayer a las 05.54 de la mañana hora central europea. Pocos minutos después, el ingenio espacial alcanzaba su órbita a unos 500 kilómetros de altitud. Su acoplamiento con la Estación Espacial Internacional (ISS) está previsto para mañana. A bordo de la cápsula Soyuz TMA-7 viajan también el norteamericano William McArthur y el ruso Valeri Tókarev, dos experimentados astronautas. Ellos son los componentes de la duodécima expedición a la ISS y no regresarán a la Tierra hasta abril del año que viene. Olsen, sin embargo, estará ya de vuelta a finales de la próxima semana, tras ocho días de odisea espacial. El tercer turista del espacio hubiese regresado en un transbordador de la Nasa, si no hubieran sido suspendidos nuevamente sus vuelos. Así que el transporte a utilizar será la Soyuz TMA-6 , con la que, hace seis meses, subieron a la plataforma espacial John Phlilips y Serguéi Krikaliov, sus actuales inquilinos, y con la que bajarán llevando consigo a Olsen. La fiabilidad de los cohetes Soyuz FG fue puesta ayer una vez más de manifiesto. El aparato se elevó verticalmente con facilidad y sin percances sobre el desierto de Kazajstán. Al oírse a través de los altavoces que la nave había sido puesta en órbita y que sus tres tripulantes se sentían perfectamente, en la tribuna de observación del cosmódromo de Baikonur empezaron a escucharse aplausos, gritos de júbilo y el descorche de numerosas botellas de champán. Entre los presentes, los máximos responsables de las agencias espaciales rusa y estadounidense (Roskosmos y la Nasa), Anatoli Perminov y Michael Griffin. Los más ruidosos, sin embargo, fueron los familiares y amigos de Olsen, que en gran número y ataviados con cazadoras azules acudieron a contemplar el lanzamiento. Entre ellos, su hija, Krista Dibsie, su yerno, su nieto Justin, de cuatro años, y tres de sus hermanas. Todos ellos rezumaban satisfacción aunque también cierto nerviosismo y deseo de que Greg regrese sano y salvo de su aventura. El viernes, durante la rueda de prensa previa al lanzamiento, Olsen volvió a repetir que no se considera un turista del espacio. «Preferiría que me denominasen simplemente participante en el vuelo», aseguró.