Diario de León

Una masiva entrada de agua dulce podrían alterar las corrientes marinas que regulan el clima

Dos grados más de temperatura harían irreversible el deshielo del Ártico

Un colapso de la corriente del Golfo traería una era polar a Europa dentro de un siglo

Publicado por
R. Romar - redacción
León

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La velocidad del deshielo en Groenlandia se ha triplicado desde 1996, los glaciares de las grandes montañas retroceden a pasos agigantados, la superficie helada en el Ártico se ha reducido un 20% durante el verano desde 1978 y ya no es descabellado pensar que el hielo en el gélido continente pueda desaparecer hacia el 2100, mientras que en la Península Antártica es cada vez más frecuente la ruptura de grandes bloques de hielo del tamaño de países como Jamaica. El planeta se calienta y los grandes hielos se derriten con sus ya probadas consecuencias en el incremento del nivel del mar. Pero, ¿es reversible la situación? Antonio Ruiz de Elvira, catedrático de Física de la Tierra en la Universidad de Alcalá y uno de los mayores expertos sobre cambio climático en España advierte de que, de continuar con el actual ritmo de emisiones a la atmósfera que incrementan el calentamiento global, las perspectivas son poco halagüeñas. «El sistema climático se encuentra en un equilibrio muy inestable. Aguantará hasta un incremento de dos grados, pero a partir de ahí la situación será irreversible», advierte Ruiz de Elvira, quien también destaca que «a diferencia de otros cambios climáticos que hubo a lo largo de la historia, éste es al menos entre 50 y 100 veces más rápido». Más drástico aún se mostró Mark Serreze, uno de los científicos del Snow and Ice Data Center, que recoge datos sobre los cambios climáticos. «Nuestra impresión -advierte- es que hemos llegado a un punto de no retorno». Pero, ¿qué consecuencias traerá el deshielo? La más evidente, aparte del aumento del nivel del mar, es el aumento de las temperaturas. El hielo refleja el 90% de la energía que recibe del Sol, lo que se conoce como efecto albedo, pero cuanta menor sea la superficie helada disponible, la tierra absorberá más calor en vez de liberarlo, con lo que también se incrementarán las temperaturas y se disparará el deshielo. Y así hasta continuar un proceso cíclico que se va retroalimentando. El verdadero peligro, sin embargo, y lo que más centra la inquietud de los investigadores, es la posible alteración de la circulación termohalina, la gran cinta transportadora de las corrientes oceánicas que redistribuye los flujos de frío y calor y la que forma las aguas profundas, vitales para la producción de los afloramientos, con los intercambios de densidad a través de las temperaturas y la salinidad. A través de la corriente del Golfo, una parte de la cadena, se trans-portan las aguas cálidas de los trópicos al Atlántico norte. Y ésta es la explicación de que Europa tenga un clima distinto a Norteamérica a igual latitud. Y aquí es también donde se encuentra el talón de Aquiles del sistema. Un masivo deshielo en el Ártico y, especialmente en Groenlandia, por donde el cinturón cálido se sumerge ante los vientos fríos y gélidas temperaturas, introduciría enormes cantidades de agua dulce, menos densa, lo que evitaría la formación de aguas profundas y la irrupción de la cadena. ¿La consecuencia? El hemisferio norte podría volver a una nueva edad de hielo, aunque tendrán que pasar al menos cien años. Ésta es una hipótesis, pero que preocupa.

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